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TEORIAdeARTE ESCRITO
La teoria de arte escrito incluye aquellos articulos reflexivos sobre las vicisitudes de las técnicas expresivas. Incluye la indagación de las sombras en las que se amparan las musas. Es una sección de prosa que recensiona libros y autores.

La figura de exposición. Tara y Carga

Por JesRICART - March 2nd, 2010, 15:02, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

El cuerpo no lo es todo pero es la envergadura que trae todo lo demás. Nos recordamos los unos a los otros por nuestras figuras. El lenguaje está repleto de vocabulario denominacional por nuestras formas. La gran ventaja proporcionada por las diferencias morfológicas permite que nos ubiquemos recíprocamente. Basta una mirada de alguien para tener una información instantánea de varios de su atributos que dan pistas de su origen de raza (aspecto y color), de su elegancia o no (forma de vestir), de su seguridad y fuerza (maneras de andar), de su estética (belleza y líneas), de su educación (por sus modales y acústica), de su deferencia y capacidad observacional (por devolución de la mirada) y de su posicionamiento de mensaje (por su look manifiesto de desidia o alegría). El cuerpo expositivo, generalmente vestido, trae a la calle (al escenario callejero) el compendio de sus anhelos y deseos. Se constituye en escena por el solo hecho de ser volumen circulando con una carga de significados. Cada sujeto según su autoconocimiento está, o debería estar, al corriente de como los organiza y cuales son sus significantes cardinales tras los que se mueve en la vida. Basta salir al espacio público para pertenecer al otro, cuando menos como consumo de estipulación o figura moviente. La masificación de la indiferencia colectiva como parte de los trasiegos modernos en los que se comparte el espacio sin verse, cruzarse sin atenderse, no quita del hecho de la existencia de una observación activa por mínima que pueda parecer. Las prisas y los automatismos no dejan de ser opciones que llevan a vivir sin mirar, a estar sin enterarse, a cruzarse sin verse, a mezclarse sin comprenderse, a hablar sin comunicarse. Cada quien opta por lo que opta. La sociedad masiva en la que todo es masivo y también los contactos humanos y las tangencialidades diarias con la inmensa movida de los demás ha generado ese enorme fenómeno del anonimato y de la indiferenciación pero para que eso se haya podido concretar han sido necesarios millones de individuos dispuestos a sumarse a las tendencias autómatas del pasar de largo permanente. Esa es curiosidad imponente ya que al mismo tiempo no hay figura humana sin forma ni circulante callejero que no atienda mas o menos cuidadosamente a su look. Las apariencias son cuidadas en extremo: desde el peinado a las prendas elegidas pasando por el quitaojeras o el pintalabios ejércitos de formas interseccionan en el mundo entre si. En las peculiaridades de cada detalle elegido hay un mensaje tácito o el deseo de bloquear todo mensaje. Eso ultimo es prácticamente imposible ya que todo detalle es interpretable. En los rostródromos recientes de webs de contactos donde cada quien cuelga su imagen y escribe sus comentarios se sigue con la inercia de ser figuras de exposición ante un publico desconocido aunque el interés de comunicación sea escaso. Tanto en la calle como en la esfera virtual sigue sorprendiendo el predominio de la figura que se mueve para ser vista pero no para mirar, que se expone como objeto de deseo pero se alarma cuando ese deseo es expresado. Tomada la calle y -por extensión- el espacio público como escenario de representación y tomándonos cada uno de nosotros como sujetos representacionales lo meno que puede suceder es que andemos constituidos en objetos de observación. De hecho nadie está exento de serlo. Debería esconderle bajo las piedras para no serlo. El derecho a la propia imagen recogido constitucionalmente no impide que la retentiva visual y memorística de los demás que la vean se la lleven puesta en sus archivos mentales. Ese derecho de imagen se refiere a las formas técnicas de su reprografía pero no puede regular en modo alguno a su uso desde cada memoria biológica privada. Dicho de otra manera: en cuanto pertenecemos al campo visual mutuo dejamos de pertenecernos en exclusiva. El individuo que sale a la calle (a escena pues) tambien entra en el campo de retención ajena. El recuerdo de su figura puede dejar una huella mayor o menor en el tiempo y quien la recuerda puede hacer el uso antropológico que sea sin dar cuenta a nadie. Eso incluye la lascivia y el deseo oculto. Una gran parte de los actos mentales nacen y mueren como entelequias sin que lleguen nunca a su concreción plástica. En el escenario de pago, el típico, el de pago y taquillas para ver imágenes ante una pantalla o un estrado, quienes actúan ya llevan una relación contractual según la cual van a ser recordados por sus físicos y sus representaciones. No está calculado cuantas de estas imágenes son reproducidas mentalmente y adaptadas a situaciones personales. Entra dentro de la probabilistica razonable estar compartiendo intimidad con un partner y traer la ensoñación de figuras cinematográficas. Sé que probablemente nunca estaré con Penélope Cruz jugando a juegos de mayores pero Penélope Cruz no puede ignorar que su imagen corporal y su estilo artístico puede ser además de admirada deseada por su público y utilizada como consumo particular en sus divagaciones sicalípticas. Lo mismo se puede decir de cualquier otra figura artística cuyo físico es convenientemente preparado y retratado para no dejar indiferente al deseo. Pues bien, ese es un fenómeno no restricto al mundo de la farándula y a la selecta galería compartida por los profesionales de la representación; por el contrario, es extensivo a todo el campo público. Desde el momento en que el cuerpo es figura e imagen es susceptible de ser deseado por otro. Andar por la calle y por la vida ignorando esa característica de deseabilidad cuando todos el mundo tiene su potencial de seducción como atributo es eso: una ignorancia. La cuestión es los permisos concedidos para que el deseo despertado se manifieste o hasta donde puede ser llevado. El primer fenómeno de la fanmanía llevó a ídolos musicales a escapar de las huestes que los perseguían por tocarlos, pedirles un autógrafo o quitarles una prenda. A la vedette del teatro de varietés mostrando sus emolumentos le podra molestar que alguien de la primera fila se masturbe sin inhibiciones pero no que sueñe en hacerlo en su casa. Todo tiene un límite y cada deseo (que se define por su extralimitación) tiene su gestión. El debate del tema es quien y cómo pone los límites del deseo ante la figura publica de expiosición y en qué está la virtud y dónde la tara del deseo manifiesto. Una parte de la exhibición (y desde el momento en que todo es representación y exposición la exhibición es algo que viene por añadidura) a manos de la inconciencia de lo que exhibe y de lo que promueve se enfada con toda clase de remilgos por que su figura sea interpretada. La adolescente, púber incluso, que se viste para despertar el deseo (la lolita literaturizada) aunque no sepa muy bien el alcance de esto inocente no es en absoluto. La chica que utiliza el cuero y una sensualidad un tanto nebulosa exponiéndose a la mirada no puede dárselas de ofendida porque alguien la piropee. El piropo, un verso en formación a fin de cuentas, puede ser tomado como una declaración de morbo. La imbecilización creciente en el desconocimiento de este mundo y de sus mecanismos de exhibición (todo tiende a ser espectáculo) puede llevar -en ocasiones extremas de falta de honestidad total- en que la figura exhibicionista que mueve el culo u ostenta sus formas excitantes se alarme porque el deseo que genera se manifieste viendo en ese deseo manifiesto toda clase de perversiones. Olvida que el deseante de su figura no va mas allá de desear esa forma anatómica descartando por completo toda tentativa comunicacional. Si bien lo importante de una persona está más allá de su cuerpo hay personas que no pueden ni van a ofrecer durante sus vidas nada más que sus cuerpos, autodescartadas para la comunicación y otras prácticas artísticas. El cuerpo tiene su importancia, la materialidad de las formas cumple su función. No hay nadie que no tenga su grado de tensión con ellas, con las propias y con las ajenas. Uno se siente más a gusto cuanto más bello sea su semblante. La guapura da seguridad y si no se tiene para eso concurren los estilitas para proporcionarla con artilugios varios. En ese caso es una seguridad prestada proporcionada por complementos externos. Pero la belleza no siempre la proporciona tambien la quita cuando interpreta todo gesto ajeno de observación como una codicia corporal. ¡Quiéreme a mí y no a mis tetas! grita enfadada una anatomía femenina muy dotada que no ignora que son partes determinadas de su cuerpo las que mueven a interés. Ese desdoblamiento del propio cuerpo entre aquella parte deseada y elogiada o aprobada por la mirada externa y aquella otra que no es ni siquiera tenida en cuenta acompaña a una disociación de la propia autoapreciación. Casi todo el mundo habla de su perfil bueno o de fotogenia en determinadas poses y no en otras. Ante la foto (que concreta técnicamente lo que es la mirada) el sujeto a fotografiar se coloca como objeto icónico preparándose para la ocasión, buscando el gesto o el lugar. Se retocará a si mismo y retocará los resultados de las pruebas hasta dar con aquella que le favorezca más o con la que pretenda dar un mensaje de seducción. Salvo los mas raros que lo guardamos todo, incluidas las fotos en las que salimos francamente mal porque todas nos representan en instantes distintos, la mayoría muestra solo lo que quiere mostrar, estableciendo una particular relacion con esa iconocidad de uso compartido o público. Preparada la performance no falta quien se descoloca por recibir la expresión del deseo. En lugar de atender a su poética y a reconocer que se puso a ir para ser admirada atacará al ultimo de la fila por su ensoñación prohibiéndole todo acto admirativo. La belleza rebotada, o el objeto icónico de deseo separado del sujeto real que lo puso, puede enfadarse por mover a una propuesta que no previó. Es tan extraño que el artista performántico se perturbe por el deseo expresado por su actuación `publica como que lo haga cualquier figura andante. Incluso es mas extraño que lo haga ésta cuando se mueve y contornea para la seducción. El único decalage reside en qué tipo de deseo mueve. La vida es una historia de historias de seducción y aproximación, de gestión de las sensaciones y de los sentimientos. En tanto que somos figuras expositivas por nuestra propia existencialidad proyectada en espacios compartidos no podemos evitar que se nos comenten y aprecie (o desaprecie) según gestos corporales y toda una sutilidades de mensajería no verbal. En tanto que imágenes circulantes además de desplazarnos físicamente lo hacemos a los cuartos mentales de los aparatos psíquicos de quienes nos acogen y retienen en distintas medidas. No se puede restringir a nadie en su imagineria, en su imaginación y en su pensar. Todo ello es una extensión y recreación del mundo en uno mismo. Presuponer que el espectador que clientea un cabaret o comenta un pie de foto de una chica bombón esconde una obsesión irrefrenable es propio de una falta de sensibilidad y de una ignorancia suprema, lo que es peor de una ausencia de libido y de trato practico con el placer sensorial. La visión monjil de las relaciones humanas viene prohibiendo todo deseo y por tanto su menor expresión calificándolo de atrocidad o de pecado. Para suerte de cada deseante la ignorancia del objeto deseado de serlo no le quita seguir extendiendo su verso y mirada a otras propuestas físicas ligadas a mentes mas inteligentes.

Poética de la Seducción

Por JesRICART - October 2nd, 2009, 10:26, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

Poética de la Seducción 

Durante los trabajos de organización de todos los poemas rescatados de las décadas pasadas he ido construyendo distintas clases de dosieres-libro .Dos de ellos tienen que ver con la condición de enamorado (poemas de un enamorado  y enamora´m ).Al clasificar poemas en uno u otro me encontré con que había una clase de literatura que sin pertenecer a un puesto sentimental deliberado sí formaban parte del lenguaje de las seducción. ¿Cómo diferenciar los unos de los otros? Aparentemente el lenguaje es el mismo, los resultados en cambio fueron distintos tanto para la biografía personal como para el futuro de la  relación con la persona a la que estaban dedicados. Cuando  alguien te inspira por algo, ¿es que  esa  intuición encierra una cantera de posibilidades o  se trata tan solo de una percepción del momento? Dicho de otro modo, ¿la seducción sólo se exprime con el amor y en función de este como proyecto o es lícito en otras circunstancias de menor compromiso?

Creo que el amor es una dimensión voluble  y compleja debido a sus dos campos de proyección: al otro y al uno mismo. Es ego y excéntrica. La seducción es un recurso táctico para la supervivencia en la jungla de los muros y de las miras severas. No deja de ser una técnica a la que acogerse para poderse relacionar con lo demás desde la empatía en lugar de usar la armas ariscas de la impiedad.  Los juegos de seducción forman parte de los cortejo de aproximación de  una multitud de especies animales cuyo ritual les permite la reproducción como tales especies además de unas acciones de placer de las cuales, los más afortunados -se dice-, obtenemos una noción, una teoría y un saber sobre sus consecuencias.

Los juegos de seducción decoran la hedónica vital y acompañan los momentos lúdicos del ser humano. Juegan a una apuesta por conseguir al otro que es previa o intuitivamente elegido como objeto de deseo y/o de placer y/o de complementación para un día o para mil, para un momento o para todos. La poética de la seducción viene a concretar con palabras lo que existe desde siempre como gestos. A veces el  texto escrito viene a pedir un permiso de acercamiento o es el salto para consumarlo, otras la confirmación de que ha sido dado y siempre, es una referencia documental. el género epistolario se había empantanado ya en las primeras décadas del siglo XX. Sólo durante periodos de rupturas impuestas de la inmediatez, como cuando los hombres iban a las trincheras o a sus servicios militares volvían a ser reanudadas. Era entonces cuando la suma especial de la distancia y el peligro ponía las palabras en el papel que no estaban  en los guiones verbales de la presencialidad. Los novio desde las plataformas de sus soldadescas (simbolizaciones de héroes a la fuerza) cobraban uno bríos que habían pasado desapercibidos en los paseos por las plazas mayores de sus pueblos novias al brazo. ¡cuánta gente se ha enamorado por el influjo de la  distancia y las palabras atrevidas!

La poética de la seducción destila cartas y teoremas, narraciones de fortunas e infortunios y catapulta propuestas más o menos sutiles de colmar el deseo de posesión de la persona amada, revalorada por sus formas y sensualidad, por su olor y mirada, por sus circunstancias y avatares. Es la poética del cortejo, de la conquista, de la escalada de la cima del objeto primoroso,  forma parte de las vueltas jericonianas en torno al cuerpo fortín de la ninfa que se resiste a las propuestas del  goce. Es un discurso romántico por principio y la recuperación de una función poética: la de enamorar. Dicho así se diría que el poeta no lo es, si no que acata un manual de servicio de funcionario burócrata de una especie de oficina de halagos. Es urgente añadir otra característica: la seducción  emerge cuando hay un canal de sentimentalidad  entre la persona que inspira unas palabras y quien ordeña sus neuronas para ordenarlas. No hay nada más triste que inventar una composición que tenga por objetivo un impacto sin sentir nada de lo que se dice. La insentimentalidad es lo primero en ser descubierto y lo que más fisura una relación de expectancia. El poema seductor lo es cuando desestandariza un texto para supeditar una construcción a la verdad de la persona diana que la ha inspirado. Y fracasa totalmente cuando maneja frases hechas y versos plagiados o imágenes hiperexplotadas ya que la persona destinataria encontrará un guión más o menos reconocible de la pasión pero no encontrará su propia personalidad en sus líneas

La seducción es de una complejidad y sutilidad enormes. Existe como una  de las verdades de la naturaleza animal. Desde el momento en que necesitamos del otro para la comunicación y el placer tendemos a crear las condiciones idóneas para una relación simpática. Una poética es una investidura de esa postura troncal. ¿quién no ha necesitado poner en palabras escritas para enmarcar la sinopsis de todo su sentir por su persona deseada? Mi experiencia de las letras seductivas ha sido un continuum de eventos espontáneos que tras los años me han demostrado seguir una línea precisa dentro de mi modo de ver el mundo y entenderme con quienes lo habitan, especialmente con aquellos con los que más he intimado.

Fui pasando por gente -o gente fue pasando por mi- por la que me sentí inspirado sin proponer ni querer una continuidad. Generalmente un elenco de mujeres  con las que momentáneamente me sentí bien, reactivado, apasionado, amante  y feliz. Entendí y experimenté que la felicidad nace del hecho de concretar el placer en cada circunstancia con todos los sentidos sin verme culpabilizado por el pasado ni  descolocado por las ansiedades del futuro. Entendí también que el placer, la pasión, la conexión íntima y el afecto son distintas profundidades de la relación amorosa. Podía hablar con conocimiento de causa de amores  de primer, segundo, tercer o cuarto grado. La colección de féminas deseadas, seducidas o no de hecho, dieron lugar al conjunto que presento de composiciones en las que por momentos puede incluso haber más ímpetu que en otros poemas hacia personas que pasaron a jugar una función biográfica en mi vida incomparablemente mayor. Lo que me demostró en su momento a mi mismo, que la poesía no miente con respecto a las reacciones sentimentales y eróticas que no dejan de seguir las reglas de los juegos mentales.

Penélope: Espera y Retorno

Por JesRICART - December 9th, 2008, 4:51, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

En la historia de Ítaca, Ulises es el protagonista de la aventura, Penélope queda en un segundo plano. Representa la devoción a su hombre ausente, que la abandonó a cambio de experiencias, sirenas y aventuras dentro de una incerteza de retorno. El verbo no hace justicia al héroe. La llamada del mundo pudo más que el ancla del hogar, al menos por una larga temporada de su vida. Ella representa también la espera, sin alternativa substituta. Representa la fidelidad al rechazar otros pretendientes. Representa el lugar del retorno, la referencia del calor humano, de la compañera, del consuelo, de la seguridad. Retorno Ítaca es una concepción diferente a la del retorno a Penélope, aquí se valora a la persona, allí al país .Volver a una persona es volver a cualquier parte donde esta habite, volver a un país es volver a su ubicación de siempre.

Al escribir Retorno a Penélope, yo estuve pensando en el valor de la gente más que en el del país, en los defensores de la tierra más que en una patria, en el reencuentro humano más que en el geográfico, en la psicología más que en la sociología. Supuestamente era volver a casa pero si bien nací en unas coordenadas, como todo el mundo, nunca me sentí realmente cómodo con su cultura o totalmente identificado con ella. Viajar o ubicarse en otras partes había representado romper con el cerco de la inmediatez y del mundo reducido a una perspectiva local. Ir lejos significaba entremezclarse con otras experiencias y gentes, volver significaba volver a antiguos referentes y también, ¿por qué no decirlo? segurizantes. La cuestión es que no había en mi antigua geografía nadie que me estuviera esperando. No había nadie tejiendo y destejiendo el plazo de mi espera para darme el mayor margen para mi regreso. Había gente conocida, claro que sí, nombres familiares, recuerdos ligados a los lugares, toda una historia antes hecha. El retorno no fue tanto el reencuentro con alguien que me esperara, que preguntara por mis experiencias, que preguntara por mí, sino el retorno a mi mismo, a una ubicación desde la que reorganizar mi biografía, establecerme con un programa, reactualizarme como viviente. Aparentemente ya tenía suficiente de mundo externo como para dedicarme al mío interno. Tampoco era eso, nadie queda suficientemente enseñado por las experiencias del mundo externo y comparativamente el mundo con sus millones de personas producen una infinita cantidad de situaciones a las que un solo individuo solo accede en una minúscula parte, aunque querido vivirlo y conocerlo todo. El retorno venia determinado por un agotamiento personal del mundo del afuera no porque a ese mundo no le quedaran cosas por descubrir, sino porque a la viajero no le quedaba espacio en la saca con qué llenarlas. En realidad tampoco fue eso, el viajero medular vuelve a sus viajes, a recargarse de parámetros estimulares, a continuar coleccionando fotos estupendos y a imbuirse de anécdotas. En realidad poner fin a las aventuras mundanas antes de cumplir los 40, como era el caso, era dar carpetazo demasiado pronto a una cantera de experimentos y conocimientos pero la transfugacidad viajera no permitía la productividad que una sedenteridad y las pautas organizativas que permitiera, podrían proporcionar. Después de tratar de hacer una revolución que mi generación ni la precedente hicieron, tampoco la posterior después de  dar vueltas por algunos países creí que era el momento ideal para ir a la universidad a hacer estudios que ni siquiera había empezado después del bachillerato que ya ni siquiera recuerdo si lo terminé. Desmemorización oportuna que da la nota de mi gran interés de aquella primera época de estudiante por los estudios oficiales. Concluí algunas titulaciones pues durante esos años que coincidieron con el retorno a una realidad social en la que si bien me había implicado en el pasado ya nunca la volvería a recuperar como un espacio de identificación. Todo eso no tuvo nada que ver con mi catalanidad, de la cual siempre me reclamé fragmentariamente por apátrida que me sintiera. Conocer el mundo me hizo saber  más de lo que sabía: que todos estamos clasificados incluyendo quienes nos rebelamos en su momento en contra de las clasificaciones.  Volver a las zonas urbanas conocidas, a las ciudades y sus extrarradios, a los lugares de primeros contactos sentimentales y mis primeros descubrimientos ideológicos en contra de la ideología de estado, me llenó de gozo. No había estado tanto tiempo fuera pero sí el suficiente como para cerciorar una punta geográfica entre un antes y un después. Fue así que en la década de los 90, una década ya tardía en mi biografía me re posicionaba profesionalmente. Mi alegato a favor de la incorporación tardía de los estudiantes a la universidad en lugar de hacerlo en una edad prematura cuando saben, no se puede saber, lo que es la vida ni lo que quieren, no quitó de mi decalage con mi época. Tiempo después advertí que lo mejor que puede hacer una persona es separarse de su generación y no dejarse arrastrar por las inercias coetáneas. 

Luego me tocaría reconocer un año tras otro que el retorno a Penélope tenia más de simbología del deseo que de posibilidades reales. El resto de mi vida me pasaría retornando a una quimera que nunca dejaría de ser un espectro en mi mente. Queda dicho que Penélope no era la mujer física que me esperara sino la realidad esencial que siempre estaba en el mismo punto por mucho que hubiera cambiado en la forma, por mucho hacer y deshacer en sus tesituras; pero no la realidad de la política, ni los restos de las agendas de contactos que se pudieran recuperar. Penélope era la bienvenida que nadie me dio. Por eso el libro no tiene más un deceso de poemas triunfales que su exceso. Era volver a la hipótesis de una vida ordenada, de un reingreso en la sociedad repleta de hipótesis pero con escasas posibilidades de futuro.

El retorno tiene algo de derrota. De hecho muchos emigrantes o exiliados cuando volvían a sus países de origen si no podían volver como triunfadores no lo hacían. Mis triunfos eran mis letras, la honestidad y el valor  en decirlas. Tuvo que pasar mucho tiempo antes de releerlas, musicarlas y aceptarlas enteras. La prueba de fuego de la poesía es releerla en una etapa distinta en la que ha sido escrita.

El retorno es además una reintroducción. Volver a enfrentarse a las situaciones de antes: algo más viejas pero no tan distintas. La ventaja añadida de eso es que el enfrentamiento a la situación no pasa ya por la misma gente o las mismas voces aunque sí por los mismos discursos de antes. El elenco de compañías, el paisaje humano ha variado, no pocas personas han desaparecido, sea por cambiar de ubicación, de aspecto externo y no reconocerlas o por fallecimiento. A Penélope no la encontraría como tal pero sí encontraría a las personas que también andaban esperando su Ulises. Un día alguien vendrá del otro lado del mar y te dirá que nunca dejó de pensar en ti amándote. ¡Qué bonito! El retorno se fue consolidando con la reubicación, objetivo principal del viajero que fuera interpretado como tránsfuga inestable. Una vez llegado al lugar el viajero  se reencontrará con partes del pasado que repudiará, con otras de las que tenía mucha nostalgia y con un futuro por hacer, la misma tesitura que en cualquier otra parte. Pero el retorno tampoco es un billete para el futuro como tampoco lo es una inmersión en el pasado para siempre. Forma parte de la llamada de la tierra, algo que los seres humanos seguimos sin resolver por mucha que sea la distancia de nuestros orígenes y el tiempo que estemos fuera.

En esos primeros años de la década de los noventa me sentía fuerte y pletórico, un hombre reestrenado, no dispuesto a cometer los errores del pasado a pesar de que ya tenía claro que el mayor error de todos que no era fácilmente corregible era el de seguir viviendo en un mundo erróneo. Penélope no estaba físicamente pero hubo otras acogidas y su imagen me acompañó como consuelo y refuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

El retorno como reitroducción.

Por JesRICART - December 9th, 2008, 4:49, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

La década de los 90 fue la de la reunificación de mi pasado con mi futuro. Tras algunos años de ensoñaciones, desplazamientos, viajes y desubicaciones volví a la geografía de mi nacimiento, que es en la que he ido fichando. Nunca abandonaría del todo el interés por  otros atractivos geográficos, pero  Barcelona y su entorno me ha influido con los paisajes más familiares.

La magia de los lugares siempre me seguiría llamando para apartarme de mi lugar o, dicho de otra manera, para no sentirme nunca  un residente homologado. Nunca me sentí muy convencido de pertenecer a un sitio. Pertenecer a un solo lugar del mundo era tanto como pertenecer a quienes  lo habían construido históricamente, a los progenitores o a los que mandaban. Y yo, desde mi orgullo prematuro, nunca quise pertenecer a los otros.

Pasadas las décadas del brío (los sixties, los setentas y los ochentas) volví sobre mis pasos.  Había cruzado el límite de los treinta hacia de eso ya siete. Y parecía que se puede estar jugando con la vida hasta los 30, pero no después de esta cifra a la que tantas cosas y tanta gente te enfrentan como ralla fronteriza. O al menos de esa guisa rezaban los gustos adultos. Sin ver apenas mundo me cansé más pronto de sus avatares de lo que supuse. Con 37 por edad  volví a instalarme en Barnápolis a la que tuve que cambiar de nombre tratando de ampararme en un sortilegio para  no caer en la condición de urbanita de altos barrios o bajos fondos, condición ésta que nunca me convenció del todo.

Me dije que  cualquier ciudad podía servirme para hacer una  toma de lugar y, puestos a elegir una,  ¿por qué no quedarme con la que más conocía? Yo nunca dejé de ser un metropolitano, aunque empecé como  un ordinario hijo de provincias que cargó, en su biografía, los embates de la era industrial, de los prodigios de las masificaciones  urbanas y de los hacinamientos humanos. Los átomos me hicieron nacer en Royal Dance donde la realeza, por cierto, nunca la tuvo a bien elegir para nada singular  y  donde, salvo el ball de les  gitanes[1], no se destacó por demasiadas danzas.

Una localidad casi rural, cuya mayor efemérides recordada  de la infancia fue el paso de Franco - Francisco por nombre y Bahamonde de segundo - dentro de un vehículo negro (blindado decíamos a soto voce  los criajos) por la carretera principal flanqueada, desde las aceras, por el griterío del populacho infantil y escolar con banderitas de papel españolistas que se apiñaban junto a  las paredes sin ventanas de la  imponente Uralita que, por aquel entonces, tenía  autoridad legal para manejar  irresponsablemente el amianto que posteriormente produjo  la enfermedad de la asbestosis por la que enfermó y murió  alguna gente.

 El acontecimiento fue prematuro y preclaro. Creo que fue un punto de inflexión que dejó atrás parte de mi inocencia para salir, tras las efemérides, convertido en un antifranquista intuitivo: ningún mandatario que se escondiera del pueblo  y no se atreviera a asomar la vista por la ventana de su coche, no digamos ya a detenerlo, podía ser alguien legítimo. Alguien con miedo en una jefatura  de estado podía tener todos los números para ser un impostor.

Ese fue el lugar geográfico de mi atomización en cuerpo – no diré: y alma -.  Podía haber nacido en algún lugar de Carolina del Norte, en Shangai o en Sudafrica, pero procesos que no controlo me metieron en esas llanuras y no en aquéllas. Mi campo de aterrizaje pertenecía a una comarca cuya parte occidental era llana y tenía, y sigue teniendo, por denominación el nombre de los valles.

La vuelta, ya sonando las campanadas de 1990, no supuso el reencuentro con una pasado extraordinario, tampoco  la reunión con las gentes de antes, ni siquiera el paseo por las mismas calles. Todo estaba cambiado, no reconocía a la gente y, por obra y magia del urbanismo, perdí de vista para siempre muchos espacios de juego de antes. Tampoco me esperaba  ninguna compañera en ninguna casa. Aunque simbólicamente volvía  al lugar donde Penélope no había parado de tejer y destejer la realidad en todo ese tiempo.  Pero ni yo era un Ulises con relatos extraordinarios de mis aventuras, ni las  personas, pocas, con que reconecté, me habían estado esperando. Nadie me preguntó por mis viajes y mis estancias en otras partes. Creo recordar que algunos regalos que traía en mi equipaje finalmente o me atreví a darlos por no poder soportar mi propia imagen haciendo  tal escena. Mis contactos consanguíneos me dieron parte en su mesa, pero no arte en sus corazones.

El pueblo se había ido convirtiendo en ciudad y la ciudad en una aglomeración de seres, en su mayor parte, anónimos. Tenía poco que ver con la que yo traté en la infancia y en la adolescencia. No conservo poesía, escrita o mental, de aquellos años primeros, ni de un período ni de otro, lo cual lamento, pero sí la ligera memoria de un presentimiento: el de haber nacido fuera de tiempo y lugar. La fuerza de la costumbre, y la imposibilidad de elegir otra fortuna para mi historia, me acostumbraron a los hechos, a las caras, a las calles y, sobre todo, a mí mismo.

Escribir poemas a una cierta distancia, en años, del sentir que en ellos figuren, es ya una pequeña traición a la memoria. Y mi memoria son mis papeles. Mi memoria es un verso atrapado en un momento a pesar de mí mismo o del dictado de la forma.

 Los 90 serían, para mí,  la cifra de la normalidad, si por norma admito la regularidad, la predictibilidad y la apariencia formal de la vulgaridad.  Fue la década en la que debí hacer mis asignaturas pendientes. Retomar el tren perdido por haber cogido el globo sin timón de la utopía llevado por los vientos que le soplaron. Fue la década para ponerme a hacer, aunque tardíamente, lo que todo el mundo hacía: tomar el metro cada día a la misma hora, cumplir con un horario laboral, cenar en la misma mesa, tener a la misma compañera. Terminé una carrera universitaria e hice mi organigrama de asuntos a los que acudir. Por  unas temporadas,  deseé integrarme en la gran ciudad,  participar de muchas cosas, volver a reunir a gente o a reunirme con lo local.  Entre proyectos, parecían que serios, iba encontrando momentos para pergeñar a mano estrofas sin otra intención que capturar mis propios momentos. Nunca fui consciente de su cantidad hasta que los tecleé una década  o década y media después. Ésta no es una experiencia que no haya tenido antes. Lo he hecho con otros poemas manuscritos de otras temporadas, archivados en carpetas de anillas. Al corregirlos  y  traspasarlos han tenido el valor del retrato emocional de mi –ahora sí diré- alma.

No tengo un pasado armado al que defienda a toda costa. Creo que nadie debería tener un pasado encastillado al que aferrarse por encima de su actualidad. Y, sin embargo, ¡cuán difícil es renunciar a él!, puesto que, el hacerlo, es tanto como renegar de uno mismo.

La poesía refleja síncopes. Son pinceladas de retratos emocionales y, sobre todo, son confesiones. Creo que no hay otro tipo de documentación más transparente de lo sentimental que la poética. Aunque ser poeta no sea ninguna garantía de sublimidad y la poesía pueda caer en manos de chusmas que la instrumenten para sus egolatrías, lo mismo que el fuego de la pasión  llega a caer   en manos irracionales que pueden llegar a matar.

 La poesía de mis 90 debería haberse deshecho de  las experiencias de las décadas anteriores, pero siguió atrapada parcialmente en algunas de sus sombras.  Y, aunque la sombra  y la tragedia forman parte de la necesidad intrínseca del vivir de acuerdo a Zweig,[2] siempre me resistí a ordenarla y publicarla por intuir que me encontraría con gritos de impotencia y pocos júbilos. ¡Quién pudiera escribir y vivir de sus odas! Y, a mi pesar, no he cribado la repetición de algunos tormentos. Por desear  querría ser Píndaro y emular  el estilo circense de sus odas por las efemérides de las grandes gestas y  las figuras destacadas de su época. Pero incluso él colocaba la verdad de  sus necesidades en el  deseo central  de la estabilidad al que raramente alguien renunciaría ”...quiero/ser feliz con lo que tengo y hacerme/un buen nombre favoreciendo a los amigos...”[3] Después de un tiempo de movidas geográficas y de una pretendida búsqueda de futuros, en lo social y en lo espiritual, la búsqueda puede continuar siendo la misma desde un lugar de arraigo, en el que la regularidad de las formas facilite incluso la recurrencia de los temas.

Un retorno es el punto final de un pasado o de una de sus etapas. Vuelven los supervivientes de sus guerras, vuelven los viajeros de sus viajes, vuelven los soñadores de sus utopías. Pero un retorno no significa el punto final de una investigación personal sino su reubicación en una geografía más tranquila. Lo bueno de Royal Dance es que no se distingue  por ninguna singularidad. Ni siquiera sus restos ibéricos de los que se ufana una arqueología que la ha puesto en la lista de las ciudades de interés cultural. Su anonimato es su grandeza. Es el lugar ideal para vivir sin ser visto,  sin que nadie note tu presencia. Aún más en los últimos años en que los flujos inmigratorios buscan las áreas metropolitanas y las ciudades medias como sitios de adaptación en lugar de competir fieramente en las zonas neurálgicas de las grandes ciudades.

Desde un lugar tranquilo que da a la calle más ocupada por los otros, invito a la lectura poética sin otra prisa que la degustación de sus palabras reunidas que no tienen ninguna intención estilística y la tienen toda para la constatación de mi sentir.

La cuestión  es que mi retorno a Penélope me ha reinstalado en un espacio ligeramente identificable y, sobre todo, continuo en un tiempo con el que no me identifico y  ante el que, en muchos de sus asuntos, vivo de espaldas.  Un retorno es también un balance en el que buceas en un pasado  antiguo en diferido.  Pero por encima de todo, un retorno es dejar de ocultarse con asuntos ajenos para enfrentarte a lo que eres en tus límites y en el éxito de aceptar lo que eres. Es así que un retorno te reintroduce a lo que habías dejado pendiente y a ti mismo tras el acopio de experiencias y aprendizajes. También tiene una cierta áurea de empezar de nuevo, aunque nadie se pueda deshacer al completo de sus sombras y sus factores que le precedieran.

 

 

 

 



[1] Ball de les  gitanes = baile de las jitanas.

[2] Stefan  Zweig. escritor austrico, se suicidió junto a Lote, su mujer, en 1942 en Petrópoli, (una de las ciudades del mundo considerada como más bella y que está en Brazil). Escribió Declaraçao,  donde explicaba  que su mundo, secuestrado por el totalitarismo y la barbarie, se había desvanecido para siempre, arrastrando en su caída a su propia alma. “Toda sombra es hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad”.

[3]  Píndar  Odes V Nemees/ïstmiques Ed Bernat Metge p. 35  Barcelona 1994

El sueño de un imposible

Por JesúsRICART - December 9th, 2008, 4:46, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

 

 

Cualquier aspecto  de la realidad que ahora tenemos, normalizada y con la que vivimos confortablemente,  tuvo su momento en el pasado en que pareció un imposible: llevar el agua corriente hasta los hogares, vencer la ley de la gravedad y conseguir volar como los pájaros, dar vueltas por el espacio y mirar nuestro planeta desde una distancia sideral, trasladar nuestra voz y mensajes instantáneamente a cualquier lado de la geografía en que haya una terminal receptora. Cosas que hoy se ponen en movimiento dándole a un interruptor parecieron utopías cuando fueron concebidas por cosmovisionarios[1], por no decir locos, o adelantados a su tiempo.  En el ser humano, habida cuenta de sus limitaciones y déficits, lo primero es el deseo. Sin deseo no se constituye la inteligencia o una idea de futuro. Es necesaria una dosis considerable de deseo para vencer las conclusiones de nuestros análisis y para no sucumbir con los razonamientos pesimistas. El deseo es lo que los religiosos acaban transformando en fe crédula de lo que no existe, poniendo la fuerza en un más allá o en otras entidades extrahumanas y lo que los materialistas ponen en las leyes de la física para hurgarle todas las posibilidades potenciales a la materia con la que tratan.   El deseo para la poesía de la utopía es la prédica de un más allá del aquí restricto: el elogio de un mundo por hacer, la oda a una humanidad en reconstrucción.

La historia de la ciencia y de la técnica ha sido una continua concreción de hallazgos que desde el imaginario se había lanzado a la especulación. Por encima de los conocimientos concretos, e incluso de los medios prácticos, la imaginación ha sido el motor esencial de la transformación de lo humano. El propio Einstein lo pontificó. Si la imaginación tiene más valor que el conocimiento ¿por qué debemos sentirnos aturdidos ante los obstáculos que presenta todo sueño? El sueño de la utopía es un deseo de la no-realidad, de lo que ahora no existe, de una realidad distinta a la conocida, de un después que concluya con el ahora. Es un sueño de un imposible. No hay imposible al que acercarse sin una cuota de idealismo y romanticismo.

Por un complejo mecanismo psico-ideológico se puede seguir creyendo en una alternativa social, en un mundo a escala de solidaridad humana, a pesar de que los análisis sociológicos y políticos sigan evidenciándolo como un lugar sin cordura donde el irracional ha vencido a la razón. La poesía del deseo, utópica, pervive porque a su vez no necesita dar argumentos, le basta su eclosión sentimental. Se alza irrespetuosa contra cualquiera de los 4 jinetes del Apocalipsis que Blasco Ibáñez[2]  y otros desnudaran en su fatalidad. El poeta es el ser más indefenso ante un tanque de guerra, pero que, sin embargo, deja una imagen para la posteridad que no se olvida. Es quien pone el clavel en una bocacha de fusil  en el 25 de abril portugués o detiene toneladas de armamento bélico en la plaza Tianamenn. Es quien se mueve y oscila entre las hechuras reales y las incertezas de la esperanza. Es quien pone algo de lógica al sinsentido común y abstrae aquellas palabras con las que salvarse del naufragio emocional. El sueño de la utopía  es la utopía en marcha, término que la contradice porque,  si la utopía está en marcha, es que sí hay un lugar para ella en el futuro, y por lo tanto deja de ser el “no lugar” estigmatizado por definición. Se nutre de textos intencionales  organizando la voluntad de lo inexistente, salvo la del individuo aislado. No parte de la semántica veritativa de Frege[3] , aunque sí es una toma de posición ante el mundo y el que se desea en su lugar. Lo que, algo objetivamente imposible,  cambia de categoría es lo que subjetivamente la transforma. Un imposible dado deja de serlo cuando las premisas sobre las que se sustenta desaparecen por la fuerza innovadora que se ejerce sobre las mismas.

El poeta es un sujeto que quiere transformarse en el objeto manejado en su poema. El ser humano aspira a ser el sujeto de sus sueños, en el agente volitivo de sus estrategias. Lo que hoy sigue pareciendo un imposible social porque la mayoría comparte este sentir catastrofista o de inutilidad de la acción reivindicativa, podría admitir un día su reverso: el sentir entusiasta. Bastaría una decisión unitaria en decretar un nuevo orden social para que todas las quejas antiguas y catálogos de sufrimientos se diluyeran en el ayer. El imposible de la utopía dejaría de ser en tanto se creyera en su posibilidad. Mientras tanto queda la palabra testimonial, la desvergüenza en seguirla escribiendo y propalando.

Utopía es una palabra vieja con significaciones distintas. Tiene la ambivalencia del calificativo elogioso y del dictamen para rechazar a alguien. Ha formado parte del lenguaje ilusionista pero también de las listas del descrédito. Para quienes la realidad es algo terminado y suficiente, no es un vocablo útil de disertaciones. Para quienes viven a la fuerza la realidad impuesta y que todavía les queda algo de su facultad de invención pueden adentrase en la lógica del deseo y en la matemática de la probabilística de lo que hoy puedan seguir pareciendo quimeras a ultranza. Utopía sigue siendo la palabra lanzada con despecho del conservadurismo para descalificar los programas no realistas de la izquierda política, pero también la que resume el ideario de siglos tras un mundo que sea más nuestro y menos de la Historia. No necesitamos ser jacobinos irredentos[4]  para enfrentar el estatuto del inmovilismo o acudir a barricadas y piedras de otras temporadas, nos basta seguir soñando y no avergonzarnos de hacerlo en voz alta.

El sueño de la utopía  se ha construido desde distintos años y lugares, pergeñando caligrafías en cualquier lugar posible que inadvertidamente acabaron gestándose como libro. El deseo de lo utópico siempre ha estado presente con más o menos gracia estilística.

No hay institución represiva de lo cultural que haya podido acallar los anhelos y las luchas. Tarde o temprano acaban renaciendo e instalándose en el panorama de la pluralidad. Este libro es una propuesta para la poética de la pluralidad[5]  desde el canto de cisne de lo increíble. Altamente recomendable para quien no ha perdido su facultad de ensueño y sigue teniendo motivos para la rabia contra lo deplorable de lo existente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Cosmovisionarios = personas con visión de las cosas desde una perspectiva

  global y futurista, innovadores.

[2] Blasco Ibáñez, Vicente (Valencia 1867 - Menton 1928). Uno de los escritores más polémicos de su generación. Periodista, político, editor y aventurero. Los 4 jinetes del Apocalipsis. La barraca, Cañas y barro. Murió rico y famoso, algo insólito en un escritor de los años 20. Republicano y anticlerical, fue condenado al silencio por el franquismo. No hay un consenso acerca de integrarlo o no en la generación del 98. Ante su muerte Valle-Inclán parece que exclamó: ¡“pura publicidad!”. La anécdota refleja la actitud de muchos colegas hacía B. Ibáñez.

[3] Sostiene que La semántica veritativa ha venido sirviéndose de su idea posibilitadora en la que una oración asertórica es entendida como tal cuando la  oración es comprobada  como un posicionador de verdad.

[4] Lluís Roura. Profesor de Historia Moderna en la UAB, a propósito del uso terminológico de jacobino irredento  aplicado a Borrell, el político, diserta sobre los distintos significados de tal uso terminológico en manos de políticos de distintas tendencias, jugando con la nueva palabra, totalmente desconexa de su valor histórico. Aunque apoya la idea de que “La estupidez se descalifica por sí misma si no la rodea la ignorancia”,   a menudo la estulticia  viene consolidada por los foros de circenses ignorancias.

[5] Luis Antonio de Villena ha sido antólogo compilador de la poesía de los últimos diez años en “La poesía plural” Una idea que puede seguirse reactualizando  en otras ediciones posteriores.

Los poemas de una historia de amor

Por JesúsRICART - December 9th, 2008, 4:41, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

¿Cuántos poemas contiene una historia de amor, veinte, cincuenta, más de cien? La que compartí con Elvira Hernando Acero tuvo los que tuvo. Como otras carpetas con poemas quedaron guardados para un día del futuro en que pudiera redimirlos: sacarlos de la oscuridad de un armario para darles la luz de alguna clase de divulgación. Han ido pasando los años pero nunca terminar de completar su presentación. Justo ahora acabo de hipervincularlos con su menú de títulos y al hacerlo repasarlos por encima. Su datación los convierte en documentos demostrativos de la perduración sentimental. Una historia no termina el día de la separación sino el día del olvido. Todas las separaciones están anunciadas ya que desde que nacemos venimos pasando por la experiencia de las separaciones: la del pecho, la de la cuna, la de los juguetes, la de la casa, la de los padres, la de los hermanos,…Luego la vida es elección de lo que amamos y separación cuando nos defrauda. En algún momento del futuro el ex enamorado advierte que ya no sueña con aquella persona que lo había sido todo, que ya no le viene a la memoria, que su imagen se distorsiona dentro de su cabeza, que su corazón no tiene un pálpito extra al oír su nombre. Es en ese momento que compruebas que  la persona antes amada ha sido recolocado donde le corresponde. La ley de la vida, no tan salvaje si se mira en términos de supervivencia, implica la distancia del pasado. Filosóficamente es imposible tener una vida rica de experiencias dándoles paso en la medida que van llegando si estás atrapado por el pasado. Ante la terminación de algo solo cabe aprender a vivir sin ese algo y buscar, si lo necesitas, su sustituto. También cabe decirlo para alguien. La química sentimental demuestra que una persona nunca es sustituida realmente por otra. Lo que ella te aportó y el lugar que ocupó en tu vida le quedan reservados para siempre. Podrás tener otras muchas historias pero nunca ninguna será como aquella. Al volver a echar una ojeada a los poemas que escribir por y para Elvira una extraña sensación de continuidad me ha alcanzado. En realidad la persona ida es un simulacro por la razón antedicha. Haber amado a alguien es tenerlo de alguna manera para siempre dentro de ti. Otra cosa es que los protocolos y las exigencias de actualidad impidan repensarlo o recitarlo continuamente. No hay nada más horrible que tener a un partner que no pare de hablarte de sus ex. Yo he podido ser en algún momento ese amante latoso que ha hablado de su pasado poniéndoles nombre a las distintas mujeres que ha querido. No  propongo la tolerancia a cada lacrimógena que te tortura con sus referencias continuas, día sí i día no, al ex que la abandonó o con el que se disolvió el proyecto compartido por culpa de él. Para averiguar la cuota de neuroticidad de la persona con que compartes tus juegos de cama y  prever el futuro que te espera con ella basta sonsacarle sus recuerdos sobre el pasado por lo que hace a  sus amores. Toma nota. Lo que diga de ellos probablemente es lo que dirá de ti cuando tú también te conviertas en su pasado. El criterio ideal de los adultos modernos es no perder el tiempo hablando de con quienes estuvieron y lo que dejaron de hacer en el pasado. Ya no queda tanto tiempo para sesiones de lamentos, el que queda vale la pena dedicarlo a lo que se pueda todavía hacer.

Tener en la memoria biológica un espacio reservado para el pasado no significa tratarlo tan a menudo como tema. De hecho forma parte del salón cuando de tarde en tarde se abre un álbum de fotos o en la pantalla del ordenador aparece una fotografía de los ayeres. Se puede vivir sabiendo que uno tiene un pasado pero sin reclamar el derecho de audiencia para el mismo.

Para el poeta que nunca termina de arreglar del todo sus papeles y manuscritos hay una dificultad añadida, la de dejar el archivo en condiciones de uso. El problema de un manuscrito es que nunca termina de ser trasladado o transformado en un libro. Es un problema para alguien como yo. Lo cierto es que me van pasando los años arrastrando varios libros de ellos pendientes de dejarlos por definitivamente terminados. Cada vez que los retomo inevitablemente repaso recuerdos. Eso hace que no olvide nombres a pesar de los años que hayan pasado aunque ahora acabo de llevarme una sorpresa con respecto al segundo apellido de Elvira no recordando muy bien con exactitud su primer apellido[1]. Los lapsus memorísticos son terribles evidenciadores de la traición inconsciente que un superviviente hace a su pasado.

La historia poética duró más tiempo que la historia real. El día que un poeta enamorado sabe que ya no va a dedicar un minuto mas a escribir un poema más aquel día sabe que el desamor ha vencido. Claro que una historia de amor en términos poéticos puede contener más texto dedicado a su imposibilidad, por tanto a su desamor, que no a su elogio. ¿Qué es el desamor sino la parte complementaria y finiquita del amor? Las letras con mejor o menor precisión lo atestiguan.

La mayor parte de textos poéticos de Poemas a Elvira están escritos desde los pocos lugares que vivimos juntos, los menos despues de la separación tras la que yo cambié de ciudad. En el poema no hay mentira posible. O no la hay en el tipo de poética que me he dedicado a crear. Su composición lo autentifica y además revela la personalidad de quien lo hace. De todos los documentos que alguien pueda escribir sus poemas lo revelarán más que ningún otro. Solo se puede vertebrar en torno a la sinceridad sentimental. Lucrecio ya advirtió que cuando la sinceridad arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece la verdadera naturaleza década cual.  No es extraño que tras la pérdida del ser querido el amante se sienta abandona y tienda a buscar responsabilidades en quien lo ha abandonado a la vez que se sienta abandonado por el mundo en general. Posiblemente la escena final estaba pre-escrita y prevista desde la primera escena. Un dia, tras muchas escenas de insostenibilidad y desajuste, aquella escena última tantas veces eludida y temida se concreta con  rotunda expresión. Su guion siempre estuvo escrito. Tagore corrigió todos los sesgos interpretativos al decir que leemos mal el mundo y despues decimos que nos ha engañado. Las verdades están suficientemente reveladas para quien quiera entenderlas y, sobre todo, aceptarlas, la de la pérdida de aquel a quien quieres, y que probablemente nunca dejaras de querer del todo pero que ya no volverás a ver, también. Decirlo no tiene ninguna ventaja psicológica. El equilibrio personal no tiene porque pasar siempre por la declaración de todos los sentimientos ni puede depender de correspondencias afectivas que ya no se van a dar. Es demasiado arriesgado hacer depender la estructura de personalidad de las variables externas de otros que ya jugaron su rol estelar en tu biografía y se fueron. El poeta que un día fue amante de la persona que le dedicó sus poemas se encuentra con el paso del tiempo con un libro de poemas. Punto. Su relectura puede  permitir una evocación emocional puntual pero descubre que le puede más el criterio del rigor técnico o expresivo que el ensimismamiento con las imágenes que pueda evocar. Sosegado por una especie de confort personal y una clarividencia sobre lo sucedido en otra época lejana de su vida  sabe que lo sentimental también es perecedero y en su lugar queda el trazo grueso de un esquema, una línea troncal de la que se zarandean letras que  hacen de destellos de besitos.

 

 

 

 

 



[1] Hernández o Hernando. Apuesto por lo segundo.

Arte Planteado y Arte Implícito

Por Jes RICART - June 5th, 2008, 16:25, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

El arte planteado y el arte implícito

El concepto ya originario latino de arte (artem) concibe la facultad y el acto manipulativo de recrear unas condiciones naturales desde el uso de materiales y sensaciones, tanto para  copiar como para fantasear sobre lo material y lo inmaterial. Pero puesto que todo esfuerzo copiativo introduce elementos propios de lo creativo, el producto procesado es una realidad distinta a la realidad de partida que se ha emulado. La hipótesis de Pérez de Ayala sobre la imposibilidad artística si el arte fuera igual a lo real que trata de representar no tiene razón de ser, puesto que todo acto de representación, cambia el objeto base o pretexto para la representación en un objeto bis que es lo representado y que no es directamente lo que representa.

 

Ciertamente no hay galería de arte ni artista específico que pueda competir con la infinita variedad formal del orden natural, aunque no es menos cierta la capacidad planificadora de lo creable desde lo humano y la introducción de infinitas series distintivas de otras formalidades. Uno de los indicadores de progreso es el de la reformulación de los modos formales con que se rodea cada generación y época.

 

 Los motivos de traslación de las formas vivas y naturales a las expresiones pictóricas están presentes en los albores artísticos. Pero incluso sin ellos o con su desaparición por el paso de los tiempos, los soportes ya cumplen una función esteta. Si esto es así ¿queda algo que escape a la función estética? Se podría contestar que toda producción multiseriada acaba con una de las prerrogativas artísticas: la de la originalidad. No obstante el valor original de cien unidades repetidas de un objeto colocadas de de una determinada manera, tienen en conjunto un valor añadido: el de ser un objeto visual distinto. Por supuesto puede variarse la cifra exacta al antojo de la osadía estética, tantas veces como se desee. Esto introduce una  nueva dificultad conceptual: ¿cuando acaba lo original y  cuando comienza lo repetitivo? Una de las reivindicaciones de cada vanguardia es la de sus abanderados  ser los primeros en un algo. De otra parte las taxonomías de conductas expresivas por grupos y clases, colocadas en los manuales de estudio y en las historias del arte por épocas priorizan lógicamente los criterios comunes temporales y los puntos de inflexión de sus variaciones.

 

Si hay un arte pragmatizado indistintamente de la voluntad de la mente y el cuerpo creador y otro implícito en las formas naturales inscritas en la evolución de la materia perceptible por la que tanta perplejidad creó en el romanticismo alemán, ¿a que obedecen las  artes humanas a través de los tiempos? Objeción totalmente superflua si se recuerda que los distintivos de los pueblos y culturas entre  sí dependen de estas formas artificiosas de los motivos existenciales. En todas partes proliferan las formas  y las escenas domésticas y los colores y las escenas tópicas de las tragedias y felicidades humanas. Lo que varían son las combinaciones cromáticas y la sensibilidad más especificada de cada representación. Los elementos  que atraen de una cultura a otra, no son las semejanzas sino las discordancias. El hecho de las  propuestas diferentes para hacer unas mismas cosas es lo llamativo. Las coincidencias a miles de kms de distancia, recuerdan la pertenencia a una misma condición de especie existencial. Son las diferencias y no las coincidencias las que han generado los deseos de codicia o de pertenencia de lo que no se tiene o de lo que no se ha sabido adquirir desde la creatividad. Incluso en nuestro siglo en una de sus épocas más fanatizantes y oscuras: la del III Reich en su cruzada genocida y expansionista respetaron la existencia de cuantiosas obras de arte y las conservaron. La bestia en sus peores momentos acaba por enamorarse de la bella y respeta su fragilidad a la vez que admira su encanto. Una tela puede llegar a representar todo el valor de sensibilidad de una época  y atrapar como objeto mirado la mirada más destructora de ese mismo momento. Por su parte la naturaleza expresa su fuerza descomunal y sus enseñanzas emblemáticas en formas etéreas que permanecen y quedan reveladas como exhalaciones de perfección, por encima de las vicisitudes circunstanciales de los humanos, sepan o no admirarlas.

Psicología del Artista

Por JesRICART - June 5th, 2008, 16:18, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

La filosofía del arte es tan antigua como la propia filosofía Hay antiguos tratados de técnica y preceptiva con Eupompo, Apeles , Eufranor y Policleto (El canon).Y desde el temprano s.IV aC con Duris de Samos se inicia el género  biográfico sobre los artistas. Al siglo siguiente Jenócrates de Sicione y Antígono de Caristos iniciaron un esquema historico-crítico sobre escultura y pintura. Un siglo más tarde, en el IIaC, ya habían las primeras guías artísticas, como la de Eliodoro de Atenas. Posteriormente la Periegesis de Pausanias (IIdC) constituye ya una primera fuente documentada para el conocimiento del arte griego antiguo. La categoría del artista es tenida en cuenta desde los principios del arte, aunque ciertamente hay un caudal de obra anónima, que refleja escuelas y modos creativos de las épocas en que fueron producidos.

 

El artista es un creador osado, que se atreve a dominar las formas y a manipular las imágenes de la naturaleza. Es quien genera la iniciativa de impugnar lo establecido y de adelantarse a su tiempo con propuestas que son una suerte combinatoria de sus deseos privados con las posibilidades  circunstanciales de llevarlos a término. El artista es ante todo un cambiador de las evidencias. Un introductor de nuevos horizontes en el campo perceptivo del espectador. Es a la vez autor de su obra que pre-espectador de la misma antes de ser circunstanciada. Es el preclaro que se adelanta también a si mismo. Que visualiza una realidad potencial a partir de una hipótesis que la da esta pre-visión. Alcanzar a prefigurar un algo no existente de facto pero que está existiendo ya en su mente, y se permite a partir de esta subjetivización de sensaciones meterse en la realidad total no como un simple usuario de ella tal cual es, sino como un renovador.

Guarda un común denominador con toda conducta innovadora. Las novedades tecnológicas y los tecnólogos de todos los tiempos, han cambiado la realidad a fuerzas de reinterpretarla y reconducirla. Las canalizaciones romanas de las aguas sucias fueron absolutamente innovadoras para la Europa de hace dos milenios y comportaron los soportes para unos estilos de vida distintos: para su reacondicionamiento y su revaloración. Pero si bien un proceso de innovación de tal envergadura fue rupturista no puede hablarse de ser equiparado a la conducta artística. Mientras la técnica posibilita una reaplicación continuada y demostrativa de efectividad de unos cambios, el arte puede acompañarla en el camino introduciendo mejoras perceptuales y proponiendo sensaciones intuitivas distintas.

 

A diferencia del obrador el artista es el divo mimado socialmente porque va más allá que nadie y consigue mover emocionalmente a sus seguidores con las novedades que producen. Las vanguardias artísticas y los artistas punta representan los contextos en los que nacen, pero también el imaginario social que no desean ser clavadas a una época y quieren ir más allá de sus circunstancias. No es porque sí que una nueva colección de propuestas desde la antiestaticidad vayan emergiendo. El ojo del espectador deja de ser el enfoque diafragmático ante el objeto propuesto para ser parte integrativa de sujeto co-artista en la participación de la modificación formal de la propuesta lanzada. Algo en lo que se prestigió un teatro sin tarima, donde el público actor podía  atender a la escena a la vez que ser parte de ella. Hay formas plásticas así mismo variables de acuerdo con el interés del ojo deseante. El artista como paradigma de iniciático y de excéntrico, que escapa a las normativas rígidas, se sabe distinto y revolucionario con la capacidad suficiente para  promover el debate y la pasión y un seguimiento observacional suficiente por los demás sobre sus productos que lo mantienen en la palestra  y en el púlpito de las influencias. Tanto es así que determinados nombres artísticos son los nombres de unos años, unos momentos, unos países y unas ideologías.

Se dice que el artista nace y que quien no tiene talento no lo adquiere por muchos aprendizajes que haga. Posiblemente durante las predominancias del mimetismo figurista  no pocas sensibilidades formales quedaron truncadas por no poder enfrentar las técnicos establecidas de las escuelas artísticas de unas reproducciones determinadas. La deformación de las formas, incluidas las ejecutadas desde el error o desde la falta de perspectivas al uso, ha originado en no pocos casos, la revelación de nuevos ingenios artísticos y de otros ocultos creativos. Por encima de las pericias especificas, las cuales al ser pensadas son referidas comparativamente a los grandes genios del dominio de las formas en la pintura y en la escultura, han ido surgiendo otras a través de los tiempos que han reinterpretado las figuras conocidas de la zoología y del antropocentrismo y que incluso se han librado de ellas para proponer otras nuevas. Unas épocas atrás, pero incluso dentro de la oportunidad de la reproductibilidad técnica de lo original, el mundo de los cómics y de las tiras o bandas diseñadas, podría ser un verdadero ultraje a la imagen. Todo nuevo tratamiento de la imagen puede contar con una oposición por los viejos modelos de tratarla. El artista que inventa pasa por reinventarse a sí mismo. Y a veces tal vez con un exceso de mascaradas y superfluidades para dar suficiente la nota y la tabarra con que llamar la atención a públicos  aburridos, deseosos a fin de cuentas de cualquier iniciativa que les rescate de sus pozos de existencias negras.

A diferencia de la época pretérita del artista de cuna, que revelaba una predisposición especial para hacer interpretaciones al violín con el destete reciente, el artista posmoderno es un trabajador plástico y un cambiador formal. Es un ecodiseñador o es un medioambientalista sensitiva que en vecindad con el decorador de interiorismos, cambia las escenas panorámicas de una infraestructura urbana. En medio del laberinto caótico de los crecimientos y desmanes poblacionales, el artista crea los oasis, en los museos y salas de arte, o los emblemas, en los puntos neurálgicos de situaciones urbanas, que impactan breve pero contundentemente a los observantes, para que recuerden su condición humana y su vínculo con la sensibilidad, a pesar de estar sumidos en las vorágines y retos de las competencias y rivalidades por la existencia diaria. Conocedor de su función se presenta como un purificador de ambientes y de circunstancias y como un garante de futuros sean cuales fueren.

 El artista con sus productos es el que acompaña las situaciones dulces de la vida de todos, y más claramente, el que reviste de contenidos los momentos más significativamente emocionales de los individuos y de sus secretos. Los momentos estelares de cualquier biografía individual anónima, contiene puestas de sol, fotos bicoloras que resaltan una sonrisa, una melodía, una poesía dirigida o un gesto decisivo. Estos son los momentos que se recuerdan y no los efeméricos del estilo de una subida de sueldo o de una entrega de diploma. En todo caso las efemérides sociales por importantes que sean ocupan un segundo lugar. Así como en la historiografía pública  los más importante son las fechas y los nombres asociados a los actos políticos de armisticios o conflictos, en la falta de historiografía individual de cada sujeto, lo más importante son los detalles emocionales de las interacciones con las personas queridas y en sus memorándum hay reseñas de datos y objetos indisociados de la sensibilidad  y del hecho artístico. El artista consciente de su función se reconoce presencialmente en las interacciones privadas, en las que como individuo distinto y ajeno ni puede entrar ni entrará, pero que sin embargo en el momento de sus composiciones musicales o poéticas, se sabe portador de aspiraciones y de interpretaciones del amor y del gusto, que al expresarlas, hace de portavoz tácito de unas secuencias por las que puedan pasar o ser inscritas multitud de personas. Por eso hay artistas determinadas que pueden ser interpretados como afectuosos de todo un pueblo y una cultura, con atrevimientos populares a creer conocerlo como si de alguien familiarmente próximo se tratara. El artista trabaja con productos emocionales. Los materiales a los que recurre solo son un pretexto para vehiculizar nociones y sentimientos muy arraigados y que no siempre encuentran un a traducción lingüística en la que se expresarse, e incluso encontrándola, hay palabras que todavía no han sido inventadas para expresar contenidos íntimos fundamentales. Razón última por la que existen los lenguajes artísticos y sus ofertantes.

Arte y Provocación

Por JesRICART - June 5th, 2008, 16:14, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

ARTE y PROVOCACIÓN 16feb2001

Todas las artes tienen un común denominador: la rendición de la realidad al proyecto imaginario. Manuel Galiana  encarnó al Cyrano de Bergerac[1]  a quien entendía como “el paradigma poético de la frustración y el fracaso.”.¿Qué poesía no contiene los dos componentes? ¿Qué discurso implícito en el  campo de lo poético no emplaza a una dicotomía entre el ser y la nada? ¿Qué arte no oscila entre la grandeza y la vacuidad? Pero en el interludio de las consideraciones, baños emocionales y la embriaguez de sentidos corren una patina de engaños sobre el desenlace de las certezas. Ahí está la galería de las sensualidades[2]  y de los flashes formales  para hacernos olvidar los agravios y los atropellos de la realidad. El arte lo es, en tanto asume hasta la radicalidad final, su función provocativa: la de colocar en la vía publica, torpedeando sensibilidades y zancadilleando pasos, las invitaciones a la destrucción de la moral y de toda  seriedad huérfana de humor[3] .Eso puede llevar a que el propio creador se deshaga[4]  de su objeto creado cuando pasa sin pena ni gloria. Pero el arte de la provocación parece llegar a sus extremos insólitos cuando pasa de la mención de hipótesis al ejercicio del mal gusto (¿o es el gusto alternativo?).Los últimos exhibicionismos[5]  son el correlato adecuado a las amorfías dominantes, aunque también tienen la lectura, de un grado de profundidad en la voracidad ilimitada por las emociones distintas y fuertes.

Si el arte siempre tuvo el componente de la provocación ¿porqué admitir extrañezas ante las nuevas tandas de instigaciones  a las formas cromáticas y las imágenes atrevidas? En la galería de los selectos, la magia de los medios de comunicación permite a que las figuras mimadas por el universo del glamour pasen por todas sus aficiones. Han pasado los tiempos clásicos de artes específicos como el de Carmen Amaya[6]  para pasar a los tiempos de los divos como Victoria Beckham [7] cuyos ejercicios de humildad brillan por su ausencia. Y a pesar de eso hay que reconocer que el estandarte de la provocación pueda estar en manos de quienes no siempre ostenten talento y por supuesto tampoco humildad.



[1] Personaje creado por  Rostando en 1897 en 30 días para ser interpretada por Coquelin, afamado actor francés de la época

[2] Jennifer López, por citar una galerista,con o sin su consentimiento, es una de las mujeres híbridas de entre siglos:una explosión de entre-culturas y sensualidad.

[3]Alguien sin humor es sospechoso de varias anomalías. La falta de humor debería ser un delito.

[4] Jose Sanleón  instó la destrucción de El Esclavo, su escultura no deseada,después de haber tenido varias ubicaciones:en la explanada del IVAM y antes en el barrio valenciano  Velluters  cuyo vecindario pidió que fuera retirada.Es un tema que plantea la incomodidad de una estética en particular cuando su tamaño se mide por toneladas y su altura por  bastantes metros,pero que por encima de sus dimensiones volumétricas no es medida en su dimensión ideológica.

[5] como el de Wolfgang Tullmans un provocador para estómagos fuertes. Un orinante público. Un blasfemo para renovar la definición de blasfemia en los diccionarios.

[6] Carmen Amaya (Barcelona 1913-Bagur 1963). catalana gitana reconocida internacionalmente por su arte.Implicada en el reconocimiento de los derechos de la mujer.

[7] La spicegirl Victoria Beckham debutó en una pasarela  de la semana de la Moda londinense.Lucir el pelo cardado  con un jersey verde sin sujetador marcando los dos puntos pezonales como centros gravitacionales de miradas ,renueva el interés por el fenómeno del exhibicionismo (¿tal vez como terapia autoliberatoria?)

El Imperio de la Forma

Por JesRICART - June 5th, 2008, 16:07, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

Cualquier contenido remite a una forma. Todo concepto necesita de una vía formal para ser dicho. Todo comunicante debe ajustarse a los protocolos del intercambio de discursos para poderse hacer entender. Todo acto, en definitiva, es medido por su expresión. El imperio de la forma es algo consubstancial  al organismo vivo. Visceraliza cada situación. Es inherente a los hechos. Antes de cualquier comprensión substantiva estamos ya aguijoneados por  los canales formales. La forma se nos apodera en todos los sentidos. Y devotos de ellos encerramos la inconmensurable realidad a la estrechez de sus miras. Y antes de tomar una posición racional ante una propuesta de fondo advertimos que hemos sido seducidos por una presentación formal. Es así, como antes de tomar una posición elaborada ya tenemos una actitud tácita. O lo que es lo mismo antes de  ser sujetos críticos actuamos como objetos abducidos[1] por la prestancia ajena.

Siempre me ha acompañado su discusión y su imperio al ver los estragos que produce en la mayoría de gente. La imagen  vehicula las aproximaciones y también desplaza la toma de contacto. De sus argumentos se han hecho filosofías, metodologías, certámenes sociales y  censuras. Quien no se ajusta a la etiqueta tiene vedada la entrada. Un curioso ejército de apologistas se encargará de decir al mundo cómo debe vestir, cómo debe hablar, cómo  debe presentar sus curriculums, solicitar sus pedidos, o cómo debe escribir[2] .Ni siquiera las entidades más críticas se librarán del imperio de la forma: nos dirán a los demás cómo manifestarnos, cómo citar los autores en un texto, como citar sus fuentes a pie de página, cómo  hablar en público o cómo hablar en privado, cómo, en definitiva, debemos ser y/o presentarnos. El como estará presente en las conversaciones con más furia e intensidad que el qué. La forma dejará de ser  el contexto acompañante de los contenidos para ser  la que dictamine cuáles han de ser éstos. Y puesto que ella alcanzará a todas las miradas y actitudes, quiénes se aparten de los modelos  elásticos del movimiento[3]  o  de las doctas sapiencias que se creen estar por encima de todo mal,  sufrirán por ello, o sufrirán mientras sean esclavos del imperio formalista de la expresión. Es fácil de descubrir hasta qué niveles hace estragos el imperio de la forma. Basta examinar la producción lingüística de un sujeto y señalar aquellas partes que le rinden tributo. Cuando una cantidad notoria de frases y sentencias  son llamados a la forma o recordatorios de las actitudes formales adivinaremos, sin equivocarnos, que estamos ante una persona  victimizada por el sentido de la imagen y  rotundamente superficial. Por el contrario cuando le predominan sus predicados substantivos, sus argumentos metodológicos o sus fuentes de informaciones de contenidos y noticias nos encontraremos ante un sujeto  que ha tomado distancia de las formalidades (y de la esclavitud) a lo que preferirá por encima de los caprichos de los demás, a favor de sus indagaciones sobre sí mismo y lo que le rodea. Pero librarse del imperio de la forma no quiere decir  poderla eludir, ya que todo incluye un corpus formal, una manera expresiva, una moda estilística. Y de hecho con los cambios modales[4]  se operan también cambios actitudinales. Las modificaciones formalistas en  campos artísticos con el impresionismo guardaban una conexión  con otras maneras cotidianas de moverse y actuar en público en un sector generalizable de la población[5] .Las formas en los  escaparates se poblaron de chicas pin-up[6]  mostrando sus encantos y sus coloridos que se aliaron con otra manera de concebir el baile y el movimiento corporal en los dancing, con el charlestón[7] . Pero de todas las formas, las corporales son las más cuidadas. Dentro del imperio de la forma la imagen física, la del cuerpo vestido es la más  elogiada. Todo el mundo dedica considerable tiempo diario a sus cuidados de boca, piel, cabello, ojos y aspecto en general, a sus vestidos y a su impacto. Trata de sacar partido de si mismo  con el realce de sus mejores  partes y atenuando con disimulo sus peores detalles. Los grandes de la moda nos pautan para saber  exactamente como vestir, qué usar o qué pesar[8] .El lenguaje  coloquial  participa de este imperio de la forma. Los hablantes aprenden el lenguaje dado por la cultura desde el que se expresarán. Se suben a su tren con todos sus mecanismos y paradas. Y aunque se trate de un proceso creativo vivo (cada día nacen nuevas palabras) en general la gente está más ocupada en aprender las pocas miles de palabras dentro de las que se moverá toda su vida que en hacerse neologistas de otras cuando choca con las dificultades restrictivas del bagaje aprendido. Permítaseme una  comparación grotesca: compramos, adquirimos u obtenemos -en la inmensa mayoría de situaciones-ropa y zapatos y cuadernos y estilográficas y vehículos  y muebles, y así todo lo demás colocándonos en la posición de consumidores sin plantearnos a priori  fabricarnos los objetos para cada una de nuestras necesidades; del mismo modo que usamos el lenguaje tal como nos viene dado sin cuestionarnos alternativas parciales y posibles al mismo[9] . El lenguaje político es, junto al deportivo. uno de los más dominantes socialmente gracias a su aliado en la mediática. Los agentes periodistas de esta vienen confundiendo reiteradamente la opinión pública con la opinión publicada y la ilusión de cada redactor es la de creer estar representando el sentir y las ideas del público al escribir en un rectángulo que puede llegar a un millón o más de miradas diariamente. Sin duda la opinión publicada representa un factor importante de incidencia en forjar opinión y en algunos temas incluso puede coincidir lo que se publica por autorías selectas con aquello que se piensa mayoritariamente.  Pero lo común es que cada persona dentro del extenso elenco de la intelectualidad tenga su pensamiento preciso y no se pueda hablar estrictamente de un discurso colectivo sino de un sumatorio de discursos personales que comparten ententes fragmentarias y/o puntuales para unos determinados temas. Los marcos generales de opiniones unificadas en los grandes eventos electorales de los países que se jactan de ellos, no hacen más que sumar opiniones  coincidentes tras el peso de todos los condicionantes que actúan como restas de otras consideraciones e impiden otras opciones fuera del escenario de las que se presentan.  Los criterios que usan fraseologías tales como intereses populares, intereses de clase, objetivos históricos,  opinión social u opinión pública, en la que nuestro lenguaje a incurrido y recurrido abusivamente  se enmatojan tras conceptos absolutistas ya del todo deslegitimados por lo que se sabe sobre la factorialidad multivalente que concurre en los procesos de formación de las ideas y de gestación de los movimientos sociales. El lenguaje que inicialmente es liberador de aquellos conceptos moralistas puede convertirse en esclavizador cuando se presenta como una forma inalterable de respeto. No toca utilizar formas más vagas, prudentes y necesariamente relativistas cuando queremos hablar en nombre ajeno tratando de representar intereses de grupos. En la forma del decir están ya presentes contenidos lesivos que

Predeterminan el mensaje. Cuando oigo hablar de españoles  o patria  o estado de derecho  en la terminología política ya  afino mis antenas porque presupongo el discurso prepotente que va a seguir a continuación y que ciertamente se confirma.

La paciencia ante las formas tiene un límite y a veces toda la cortesía reunida voluntariosamente no es suficiente para permitir más allá de unas pocas palabras o de un par de frases la continuidad de nuestro interlocutor.  Admitir a alguien en su discurso es de alguna manera confirmarlo u otorgarle la razón. De todas las armas que le quedan finalmente al sujeto inteligente la palabra es la más moderada pero también la más contundente. Contrarrestar argumentos lesivos con los propios se establece una  tecnología verbal de restauración. Negarse a la escucha de los conceptos hirientes con el propio decir es la última virtud del pacifista. Negarse incluso en el extremo mas severo huyendo del espacio del púlpito o de la poltrona que lo dice es una medida supervivencial perfectamente legítima.  La forma tiene por desventaja que puedes ser juzgado por ella antes de que se te de la oportunidad de manifestar tu pensamiento o tus opiniones. Pero esta desventaja es una gran ventaja cuando te permite cambiar de dial o de canal o de contacto humano a partir de una apreciación relativamente inmediata de cómo oes el interlocutor y lo poco que se puede esperar del mismo o el tipo de predicción de un discurso aberrante, inútil o estéril que le sigue.

 

 

 

 

 

 

 



[1] La palabra,muy empleada en ufología  viene como anillo al dedo para aplicarla a esa situación en la que el sujeto es seducido por el objeto formal,pero puesto que no se trata de una seducción consciente es en realidad una abducción antes que como sujeto se pregunte si le conviene o gusta el estímulo en  cuestión.

[2] Por lo que hace a la aventura de la impresión sobre papel todavía se hace más hincapié en las maneras de dar cosas a leer. Los textos hechos a ciclostil jamás hubieran salido a la calle y promovido revueltas de no haber hecho caso omiso a esa liturgia de las buenas maneras. Por otra parte la pulcritud extrema, tan deseable,desde luego, como abominable, niega las otras expresiones y sentidos de la crítica desde las pre-elaboraciones y los borradores.Cabe reflexionar  sobre qué es más significativo si  dar a conocer algo a media elaboración, esté en el estado en que esté, que no darlo a conocer nunca

[3] Naomi Campbell como cuerpo paradigmático de la esbeltez envidiable.

[4] Un ejemplo de moda:Las chicas pin-up ensalza de un lado la juventud:sede de innovaciones y rebeldía al conservadurismo de la generación anterior. La moda ha sido uno de los nombres de la innovación.

[5] El impresionismo había roto a finales del siglo XIX las estructuras renacentistas,acabando en consecuencia con el rol victimista de la mujer,sometido a pensamiento patriarcal. Ya medio siglo antes,desde 1850 en Chicago había empezando una profunda revolución de las formas por lo que hacía al papel de la mujer en la sociedad.

[6] nombre que se dio a las  muchachas sexualmente atractivas y cuyas imágenes se exhibían en el cartelismo de la época.

[7] baile de origen negro muy popularizado en la localidad  del mismo nombre en los USA.Su danza permitió al feminismo radical y a la sensibilidad frívola de las mujeres más vanguardistas la introducción de nuevas vestimentas y peinados,basadas en trajes muy ajustados de una sola pieza que destacaba la esbeltez de la cintura, la rotundidad voluptuosa de los pechos y dejaba al descubierto por encima de la de las rodillas la escultura de las piernas.Las chicas pin-up ganaron al público a través de las páginas de Crónica en España  en la década de los felices 20.

[8] Le Soin Absolus Contours.Yves SaintLaurent da la orden precisa:.”Desintegra los centímetros que sobran”

[9] El lenguaje está condenado a la limitación en si misma con que ha nacido y se desarrolla porque nunca transportará con una fidelidad total el pensamiento y su alternativa sería o será la telepatía, pero por razones obvias hoy  no puede constituirse éste en una alternativa de masas  quedando generalmente como anecdótica demostrativa o como  escena puntual espectacular sin concluir formulas irrefutables para su uso más práctico que aquel.

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