Poética de la Seducción
Durante los trabajos de organización de todos los poemas rescatados de las décadas pasadas he ido construyendo distintas clases de dosieres-libro .Dos de ellos tienen que ver con la condición de enamorado (poemas de un enamorado y enamora´m ).Al clasificar poemas en uno u otro me encontré con que había una clase de literatura que sin pertenecer a un puesto sentimental deliberado sí formaban parte del lenguaje de las seducción. ¿Cómo diferenciar los unos de los otros? Aparentemente el lenguaje es el mismo, los resultados en cambio fueron distintos tanto para la biografía personal como para el futuro de la relación con la persona a la que estaban dedicados. Cuando alguien te inspira por algo, ¿es que esa intuición encierra una cantera de posibilidades o se trata tan solo de una percepción del momento? Dicho de otro modo, ¿la seducción sólo se exprime con el amor y en función de este como proyecto o es lícito en otras circunstancias de menor compromiso?
Creo que el amor es una dimensión voluble y compleja debido a sus dos campos de proyección: al otro y al uno mismo. Es ego y excéntrica. La seducción es un recurso táctico para la supervivencia en la jungla de los muros y de las miras severas. No deja de ser una técnica a la que acogerse para poderse relacionar con lo demás desde la empatía en lugar de usar la armas ariscas de la impiedad. Los juegos de seducción forman parte de los cortejo de aproximación de una multitud de especies animales cuyo ritual les permite la reproducción como tales especies además de unas acciones de placer de las cuales, los más afortunados -se dice-, obtenemos una noción, una teoría y un saber sobre sus consecuencias.
Los juegos de seducción decoran la hedónica vital y acompañan los momentos lúdicos del ser humano. Juegan a una apuesta por conseguir al otro que es previa o intuitivamente elegido como objeto de deseo y/o de placer y/o de complementación para un día o para mil, para un momento o para todos. La poética de la seducción viene a concretar con palabras lo que existe desde siempre como gestos. A veces el texto escrito viene a pedir un permiso de acercamiento o es el salto para consumarlo, otras la confirmación de que ha sido dado y siempre, es una referencia documental. el género epistolario se había empantanado ya en las primeras décadas del siglo XX. Sólo durante periodos de rupturas impuestas de la inmediatez, como cuando los hombres iban a las trincheras o a sus servicios militares volvían a ser reanudadas. Era entonces cuando la suma especial de la distancia y el peligro ponía las palabras en el papel que no estaban en los guiones verbales de la presencialidad. Los novio desde las plataformas de sus soldadescas (simbolizaciones de héroes a la fuerza) cobraban uno bríos que habían pasado desapercibidos en los paseos por las plazas mayores de sus pueblos novias al brazo. ¡cuánta gente se ha enamorado por el influjo de la distancia y las palabras atrevidas!
La poética de la seducción destila cartas y teoremas, narraciones de fortunas e infortunios y catapulta propuestas más o menos sutiles de colmar el deseo de posesión de la persona amada, revalorada por sus formas y sensualidad, por su olor y mirada, por sus circunstancias y avatares. Es la poética del cortejo, de la conquista, de la escalada de la cima del objeto primoroso, forma parte de las vueltas jericonianas en torno al cuerpo fortín de la ninfa que se resiste a las propuestas del goce. Es un discurso romántico por principio y la recuperación de una función poética: la de enamorar. Dicho así se diría que el poeta no lo es, si no que acata un manual de servicio de funcionario burócrata de una especie de oficina de halagos. Es urgente añadir otra característica: la seducción emerge cuando hay un canal de sentimentalidad entre la persona que inspira unas palabras y quien ordeña sus neuronas para ordenarlas. No hay nada más triste que inventar una composición que tenga por objetivo un impacto sin sentir nada de lo que se dice. La insentimentalidad es lo primero en ser descubierto y lo que más fisura una relación de expectancia. El poema seductor lo es cuando desestandariza un texto para supeditar una construcción a la verdad de la persona diana que la ha inspirado. Y fracasa totalmente cuando maneja frases hechas y versos plagiados o imágenes hiperexplotadas ya que la persona destinataria encontrará un guión más o menos reconocible de la pasión pero no encontrará su propia personalidad en sus líneas
La seducción es de una complejidad y sutilidad enormes. Existe como una de las verdades de la naturaleza animal. Desde el momento en que necesitamos del otro para la comunicación y el placer tendemos a crear las condiciones idóneas para una relación simpática. Una poética es una investidura de esa postura troncal. ¿quién no ha necesitado poner en palabras escritas para enmarcar la sinopsis de todo su sentir por su persona deseada? Mi experiencia de las letras seductivas ha sido un continuum de eventos espontáneos que tras los años me han demostrado seguir una línea precisa dentro de mi modo de ver el mundo y entenderme con quienes lo habitan, especialmente con aquellos con los que más he intimado.
Fui pasando por gente -o gente fue pasando por mi- por la que me sentí inspirado sin proponer ni querer una continuidad. Generalmente un elenco de mujeres con las que momentáneamente me sentí bien, reactivado, apasionado, amante y feliz. Entendí y experimenté que la felicidad nace del hecho de concretar el placer en cada circunstancia con todos los sentidos sin verme culpabilizado por el pasado ni descolocado por las ansiedades del futuro. Entendí también que el placer, la pasión, la conexión íntima y el afecto son distintas profundidades de la relación amorosa. Podía hablar con conocimiento de causa de amores de primer, segundo, tercer o cuarto grado. La colección de féminas deseadas, seducidas o no de hecho, dieron lugar al conjunto que presento de composiciones en las que por momentos puede incluso haber más ímpetu que en otros poemas hacia personas que pasaron a jugar una función biográfica en mi vida incomparablemente mayor. Lo que me demostró en su momento a mi mismo, que la poesía no miente con respecto a las reacciones sentimentales y eróticas que no dejan de seguir las reglas de los juegos mentales.