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Psicología del Artista

Por JesRICART - June 5th, 2008, 16:18, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

La filosofía del arte es tan antigua como la propia filosofía Hay antiguos tratados de técnica y preceptiva con Eupompo, Apeles , Eufranor y Policleto (El canon).Y desde el temprano s.IV aC con Duris de Samos se inicia el género  biográfico sobre los artistas. Al siglo siguiente Jenócrates de Sicione y Antígono de Caristos iniciaron un esquema historico-crítico sobre escultura y pintura. Un siglo más tarde, en el IIaC, ya habían las primeras guías artísticas, como la de Eliodoro de Atenas. Posteriormente la Periegesis de Pausanias (IIdC) constituye ya una primera fuente documentada para el conocimiento del arte griego antiguo. La categoría del artista es tenida en cuenta desde los principios del arte, aunque ciertamente hay un caudal de obra anónima, que refleja escuelas y modos creativos de las épocas en que fueron producidos.

 

El artista es un creador osado, que se atreve a dominar las formas y a manipular las imágenes de la naturaleza. Es quien genera la iniciativa de impugnar lo establecido y de adelantarse a su tiempo con propuestas que son una suerte combinatoria de sus deseos privados con las posibilidades  circunstanciales de llevarlos a término. El artista es ante todo un cambiador de las evidencias. Un introductor de nuevos horizontes en el campo perceptivo del espectador. Es a la vez autor de su obra que pre-espectador de la misma antes de ser circunstanciada. Es el preclaro que se adelanta también a si mismo. Que visualiza una realidad potencial a partir de una hipótesis que la da esta pre-visión. Alcanzar a prefigurar un algo no existente de facto pero que está existiendo ya en su mente, y se permite a partir de esta subjetivización de sensaciones meterse en la realidad total no como un simple usuario de ella tal cual es, sino como un renovador.

Guarda un común denominador con toda conducta innovadora. Las novedades tecnológicas y los tecnólogos de todos los tiempos, han cambiado la realidad a fuerzas de reinterpretarla y reconducirla. Las canalizaciones romanas de las aguas sucias fueron absolutamente innovadoras para la Europa de hace dos milenios y comportaron los soportes para unos estilos de vida distintos: para su reacondicionamiento y su revaloración. Pero si bien un proceso de innovación de tal envergadura fue rupturista no puede hablarse de ser equiparado a la conducta artística. Mientras la técnica posibilita una reaplicación continuada y demostrativa de efectividad de unos cambios, el arte puede acompañarla en el camino introduciendo mejoras perceptuales y proponiendo sensaciones intuitivas distintas.

 

A diferencia del obrador el artista es el divo mimado socialmente porque va más allá que nadie y consigue mover emocionalmente a sus seguidores con las novedades que producen. Las vanguardias artísticas y los artistas punta representan los contextos en los que nacen, pero también el imaginario social que no desean ser clavadas a una época y quieren ir más allá de sus circunstancias. No es porque sí que una nueva colección de propuestas desde la antiestaticidad vayan emergiendo. El ojo del espectador deja de ser el enfoque diafragmático ante el objeto propuesto para ser parte integrativa de sujeto co-artista en la participación de la modificación formal de la propuesta lanzada. Algo en lo que se prestigió un teatro sin tarima, donde el público actor podía  atender a la escena a la vez que ser parte de ella. Hay formas plásticas así mismo variables de acuerdo con el interés del ojo deseante. El artista como paradigma de iniciático y de excéntrico, que escapa a las normativas rígidas, se sabe distinto y revolucionario con la capacidad suficiente para  promover el debate y la pasión y un seguimiento observacional suficiente por los demás sobre sus productos que lo mantienen en la palestra  y en el púlpito de las influencias. Tanto es así que determinados nombres artísticos son los nombres de unos años, unos momentos, unos países y unas ideologías.

Se dice que el artista nace y que quien no tiene talento no lo adquiere por muchos aprendizajes que haga. Posiblemente durante las predominancias del mimetismo figurista  no pocas sensibilidades formales quedaron truncadas por no poder enfrentar las técnicos establecidas de las escuelas artísticas de unas reproducciones determinadas. La deformación de las formas, incluidas las ejecutadas desde el error o desde la falta de perspectivas al uso, ha originado en no pocos casos, la revelación de nuevos ingenios artísticos y de otros ocultos creativos. Por encima de las pericias especificas, las cuales al ser pensadas son referidas comparativamente a los grandes genios del dominio de las formas en la pintura y en la escultura, han ido surgiendo otras a través de los tiempos que han reinterpretado las figuras conocidas de la zoología y del antropocentrismo y que incluso se han librado de ellas para proponer otras nuevas. Unas épocas atrás, pero incluso dentro de la oportunidad de la reproductibilidad técnica de lo original, el mundo de los cómics y de las tiras o bandas diseñadas, podría ser un verdadero ultraje a la imagen. Todo nuevo tratamiento de la imagen puede contar con una oposición por los viejos modelos de tratarla. El artista que inventa pasa por reinventarse a sí mismo. Y a veces tal vez con un exceso de mascaradas y superfluidades para dar suficiente la nota y la tabarra con que llamar la atención a públicos  aburridos, deseosos a fin de cuentas de cualquier iniciativa que les rescate de sus pozos de existencias negras.

A diferencia de la época pretérita del artista de cuna, que revelaba una predisposición especial para hacer interpretaciones al violín con el destete reciente, el artista posmoderno es un trabajador plástico y un cambiador formal. Es un ecodiseñador o es un medioambientalista sensitiva que en vecindad con el decorador de interiorismos, cambia las escenas panorámicas de una infraestructura urbana. En medio del laberinto caótico de los crecimientos y desmanes poblacionales, el artista crea los oasis, en los museos y salas de arte, o los emblemas, en los puntos neurálgicos de situaciones urbanas, que impactan breve pero contundentemente a los observantes, para que recuerden su condición humana y su vínculo con la sensibilidad, a pesar de estar sumidos en las vorágines y retos de las competencias y rivalidades por la existencia diaria. Conocedor de su función se presenta como un purificador de ambientes y de circunstancias y como un garante de futuros sean cuales fueren.

 El artista con sus productos es el que acompaña las situaciones dulces de la vida de todos, y más claramente, el que reviste de contenidos los momentos más significativamente emocionales de los individuos y de sus secretos. Los momentos estelares de cualquier biografía individual anónima, contiene puestas de sol, fotos bicoloras que resaltan una sonrisa, una melodía, una poesía dirigida o un gesto decisivo. Estos son los momentos que se recuerdan y no los efeméricos del estilo de una subida de sueldo o de una entrega de diploma. En todo caso las efemérides sociales por importantes que sean ocupan un segundo lugar. Así como en la historiografía pública  los más importante son las fechas y los nombres asociados a los actos políticos de armisticios o conflictos, en la falta de historiografía individual de cada sujeto, lo más importante son los detalles emocionales de las interacciones con las personas queridas y en sus memorándum hay reseñas de datos y objetos indisociados de la sensibilidad  y del hecho artístico. El artista consciente de su función se reconoce presencialmente en las interacciones privadas, en las que como individuo distinto y ajeno ni puede entrar ni entrará, pero que sin embargo en el momento de sus composiciones musicales o poéticas, se sabe portador de aspiraciones y de interpretaciones del amor y del gusto, que al expresarlas, hace de portavoz tácito de unas secuencias por las que puedan pasar o ser inscritas multitud de personas. Por eso hay artistas determinadas que pueden ser interpretados como afectuosos de todo un pueblo y una cultura, con atrevimientos populares a creer conocerlo como si de alguien familiarmente próximo se tratara. El artista trabaja con productos emocionales. Los materiales a los que recurre solo son un pretexto para vehiculizar nociones y sentimientos muy arraigados y que no siempre encuentran un a traducción lingüística en la que se expresarse, e incluso encontrándola, hay palabras que todavía no han sido inventadas para expresar contenidos íntimos fundamentales. Razón última por la que existen los lenguajes artísticos y sus ofertantes.