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March 2010

La figura de exposición. Tara y Carga

Por JesRICART - March 2nd, 2010, 15:02, Categoría: TEORIAdeARTE ESCRITO

El cuerpo no lo es todo pero es la envergadura que trae todo lo demás. Nos recordamos los unos a los otros por nuestras figuras. El lenguaje está repleto de vocabulario denominacional por nuestras formas. La gran ventaja proporcionada por las diferencias morfológicas permite que nos ubiquemos recíprocamente. Basta una mirada de alguien para tener una información instantánea de varios de su atributos que dan pistas de su origen de raza (aspecto y color), de su elegancia o no (forma de vestir), de su seguridad y fuerza (maneras de andar), de su estética (belleza y líneas), de su educación (por sus modales y acústica), de su deferencia y capacidad observacional (por devolución de la mirada) y de su posicionamiento de mensaje (por su look manifiesto de desidia o alegría). El cuerpo expositivo, generalmente vestido, trae a la calle (al escenario callejero) el compendio de sus anhelos y deseos. Se constituye en escena por el solo hecho de ser volumen circulando con una carga de significados. Cada sujeto según su autoconocimiento está, o debería estar, al corriente de como los organiza y cuales son sus significantes cardinales tras los que se mueve en la vida. Basta salir al espacio público para pertenecer al otro, cuando menos como consumo de estipulación o figura moviente. La masificación de la indiferencia colectiva como parte de los trasiegos modernos en los que se comparte el espacio sin verse, cruzarse sin atenderse, no quita del hecho de la existencia de una observación activa por mínima que pueda parecer. Las prisas y los automatismos no dejan de ser opciones que llevan a vivir sin mirar, a estar sin enterarse, a cruzarse sin verse, a mezclarse sin comprenderse, a hablar sin comunicarse. Cada quien opta por lo que opta. La sociedad masiva en la que todo es masivo y también los contactos humanos y las tangencialidades diarias con la inmensa movida de los demás ha generado ese enorme fenómeno del anonimato y de la indiferenciación pero para que eso se haya podido concretar han sido necesarios millones de individuos dispuestos a sumarse a las tendencias autómatas del pasar de largo permanente. Esa es curiosidad imponente ya que al mismo tiempo no hay figura humana sin forma ni circulante callejero que no atienda mas o menos cuidadosamente a su look. Las apariencias son cuidadas en extremo: desde el peinado a las prendas elegidas pasando por el quitaojeras o el pintalabios ejércitos de formas interseccionan en el mundo entre si. En las peculiaridades de cada detalle elegido hay un mensaje tácito o el deseo de bloquear todo mensaje. Eso ultimo es prácticamente imposible ya que todo detalle es interpretable. En los rostródromos recientes de webs de contactos donde cada quien cuelga su imagen y escribe sus comentarios se sigue con la inercia de ser figuras de exposición ante un publico desconocido aunque el interés de comunicación sea escaso. Tanto en la calle como en la esfera virtual sigue sorprendiendo el predominio de la figura que se mueve para ser vista pero no para mirar, que se expone como objeto de deseo pero se alarma cuando ese deseo es expresado. Tomada la calle y -por extensión- el espacio público como escenario de representación y tomándonos cada uno de nosotros como sujetos representacionales lo meno que puede suceder es que andemos constituidos en objetos de observación. De hecho nadie está exento de serlo. Debería esconderle bajo las piedras para no serlo. El derecho a la propia imagen recogido constitucionalmente no impide que la retentiva visual y memorística de los demás que la vean se la lleven puesta en sus archivos mentales. Ese derecho de imagen se refiere a las formas técnicas de su reprografía pero no puede regular en modo alguno a su uso desde cada memoria biológica privada. Dicho de otra manera: en cuanto pertenecemos al campo visual mutuo dejamos de pertenecernos en exclusiva. El individuo que sale a la calle (a escena pues) tambien entra en el campo de retención ajena. El recuerdo de su figura puede dejar una huella mayor o menor en el tiempo y quien la recuerda puede hacer el uso antropológico que sea sin dar cuenta a nadie. Eso incluye la lascivia y el deseo oculto. Una gran parte de los actos mentales nacen y mueren como entelequias sin que lleguen nunca a su concreción plástica. En el escenario de pago, el típico, el de pago y taquillas para ver imágenes ante una pantalla o un estrado, quienes actúan ya llevan una relación contractual según la cual van a ser recordados por sus físicos y sus representaciones. No está calculado cuantas de estas imágenes son reproducidas mentalmente y adaptadas a situaciones personales. Entra dentro de la probabilistica razonable estar compartiendo intimidad con un partner y traer la ensoñación de figuras cinematográficas. Sé que probablemente nunca estaré con Penélope Cruz jugando a juegos de mayores pero Penélope Cruz no puede ignorar que su imagen corporal y su estilo artístico puede ser además de admirada deseada por su público y utilizada como consumo particular en sus divagaciones sicalípticas. Lo mismo se puede decir de cualquier otra figura artística cuyo físico es convenientemente preparado y retratado para no dejar indiferente al deseo. Pues bien, ese es un fenómeno no restricto al mundo de la farándula y a la selecta galería compartida por los profesionales de la representación; por el contrario, es extensivo a todo el campo público. Desde el momento en que el cuerpo es figura e imagen es susceptible de ser deseado por otro. Andar por la calle y por la vida ignorando esa característica de deseabilidad cuando todos el mundo tiene su potencial de seducción como atributo es eso: una ignorancia. La cuestión es los permisos concedidos para que el deseo despertado se manifieste o hasta donde puede ser llevado. El primer fenómeno de la fanmanía llevó a ídolos musicales a escapar de las huestes que los perseguían por tocarlos, pedirles un autógrafo o quitarles una prenda. A la vedette del teatro de varietés mostrando sus emolumentos le podra molestar que alguien de la primera fila se masturbe sin inhibiciones pero no que sueñe en hacerlo en su casa. Todo tiene un límite y cada deseo (que se define por su extralimitación) tiene su gestión. El debate del tema es quien y cómo pone los límites del deseo ante la figura publica de expiosición y en qué está la virtud y dónde la tara del deseo manifiesto. Una parte de la exhibición (y desde el momento en que todo es representación y exposición la exhibición es algo que viene por añadidura) a manos de la inconciencia de lo que exhibe y de lo que promueve se enfada con toda clase de remilgos por que su figura sea interpretada. La adolescente, púber incluso, que se viste para despertar el deseo (la lolita literaturizada) aunque no sepa muy bien el alcance de esto inocente no es en absoluto. La chica que utiliza el cuero y una sensualidad un tanto nebulosa exponiéndose a la mirada no puede dárselas de ofendida porque alguien la piropee. El piropo, un verso en formación a fin de cuentas, puede ser tomado como una declaración de morbo. La imbecilización creciente en el desconocimiento de este mundo y de sus mecanismos de exhibición (todo tiende a ser espectáculo) puede llevar -en ocasiones extremas de falta de honestidad total- en que la figura exhibicionista que mueve el culo u ostenta sus formas excitantes se alarme porque el deseo que genera se manifieste viendo en ese deseo manifiesto toda clase de perversiones. Olvida que el deseante de su figura no va mas allá de desear esa forma anatómica descartando por completo toda tentativa comunicacional. Si bien lo importante de una persona está más allá de su cuerpo hay personas que no pueden ni van a ofrecer durante sus vidas nada más que sus cuerpos, autodescartadas para la comunicación y otras prácticas artísticas. El cuerpo tiene su importancia, la materialidad de las formas cumple su función. No hay nadie que no tenga su grado de tensión con ellas, con las propias y con las ajenas. Uno se siente más a gusto cuanto más bello sea su semblante. La guapura da seguridad y si no se tiene para eso concurren los estilitas para proporcionarla con artilugios varios. En ese caso es una seguridad prestada proporcionada por complementos externos. Pero la belleza no siempre la proporciona tambien la quita cuando interpreta todo gesto ajeno de observación como una codicia corporal. ¡Quiéreme a mí y no a mis tetas! grita enfadada una anatomía femenina muy dotada que no ignora que son partes determinadas de su cuerpo las que mueven a interés. Ese desdoblamiento del propio cuerpo entre aquella parte deseada y elogiada o aprobada por la mirada externa y aquella otra que no es ni siquiera tenida en cuenta acompaña a una disociación de la propia autoapreciación. Casi todo el mundo habla de su perfil bueno o de fotogenia en determinadas poses y no en otras. Ante la foto (que concreta técnicamente lo que es la mirada) el sujeto a fotografiar se coloca como objeto icónico preparándose para la ocasión, buscando el gesto o el lugar. Se retocará a si mismo y retocará los resultados de las pruebas hasta dar con aquella que le favorezca más o con la que pretenda dar un mensaje de seducción. Salvo los mas raros que lo guardamos todo, incluidas las fotos en las que salimos francamente mal porque todas nos representan en instantes distintos, la mayoría muestra solo lo que quiere mostrar, estableciendo una particular relacion con esa iconocidad de uso compartido o público. Preparada la performance no falta quien se descoloca por recibir la expresión del deseo. En lugar de atender a su poética y a reconocer que se puso a ir para ser admirada atacará al ultimo de la fila por su ensoñación prohibiéndole todo acto admirativo. La belleza rebotada, o el objeto icónico de deseo separado del sujeto real que lo puso, puede enfadarse por mover a una propuesta que no previó. Es tan extraño que el artista performántico se perturbe por el deseo expresado por su actuación `publica como que lo haga cualquier figura andante. Incluso es mas extraño que lo haga ésta cuando se mueve y contornea para la seducción. El único decalage reside en qué tipo de deseo mueve. La vida es una historia de historias de seducción y aproximación, de gestión de las sensaciones y de los sentimientos. En tanto que somos figuras expositivas por nuestra propia existencialidad proyectada en espacios compartidos no podemos evitar que se nos comenten y aprecie (o desaprecie) según gestos corporales y toda una sutilidades de mensajería no verbal. En tanto que imágenes circulantes además de desplazarnos físicamente lo hacemos a los cuartos mentales de los aparatos psíquicos de quienes nos acogen y retienen en distintas medidas. No se puede restringir a nadie en su imagineria, en su imaginación y en su pensar. Todo ello es una extensión y recreación del mundo en uno mismo. Presuponer que el espectador que clientea un cabaret o comenta un pie de foto de una chica bombón esconde una obsesión irrefrenable es propio de una falta de sensibilidad y de una ignorancia suprema, lo que es peor de una ausencia de libido y de trato practico con el placer sensorial. La visión monjil de las relaciones humanas viene prohibiendo todo deseo y por tanto su menor expresión calificándolo de atrocidad o de pecado. Para suerte de cada deseante la ignorancia del objeto deseado de serlo no le quita seguir extendiendo su verso y mirada a otras propuestas físicas ligadas a mentes mas inteligentes.

El amor mezclado

Por YASHUAbcn - March 2nd, 2010, 12:32, Categoría: RONDA POETICA

El amor mezclando tiempos y dianas.

Te volverás a equivocar. La existencia es un proceso de errores y aciertos. Cada error te acerca más al acierto. Tras la investigación, todos los tiempos dedicados a pistas falsas, todas las  escuchas que atendieron a murmullos y conversaciones incluidas las de monologuistas que no querían oír, todas las tentativas de sinceridad traicionada, todas las elecciones equivocadas, todas las experiencias prescindibles o superfluas, todas las caídas de funámbulos nos sirvieron para depurarnos, crecer y entender. La luz y la paz se consiguen tras cuantiosos circuitos de oscuridad y conflicto. Tras su hallazgo de la lámpara incandescente Edison  no admitió sus errores como tiempo perdido sino como saber las mil maneras por las cuales no pudo hacer la luz. No hay mayor equivocación que la de no querer equivocarse ante las invitaciones de la vida ante la perspectiva disuasoria  de aceptarlas  porque muevan a ansiedad e inseguridad.  La peor equivocación ante el amor es no colocarse en clave de amar. Sin eso la pasión declina a convertirse solamente en una palabra que cita una energía que nunca se ha experimentado.

Oí un retal de tu voz grabado en mi memoria digital, algo es algo. La chica divina se presencializa, se hace proximidad y canto.  Yo sigo estando todo lo cerca de ti que quieras tenerme. Llegaré a tu cuerpo empapado de sal y mar para secarte, te frotaré la piel árida hasta dulcificarla, te besaré los agujeros retirados de la vida interactiva para que vuelvas a recordarte como princesa, la de aquellos tiempos ensoñados. No te invito a que sigas teniendo todas las experiencias posibles sino todas aquellas que las prohibiciones trucaron tus gustos y deseos y que aun te faltan. Te invito a mi experiencia, a que me experimentes, a la nuestra que es en la que estamos. Me desharé de mi viento sin renunciar a mi sosiego para contarnos con la voz directa  de la vida cotidiana las partes de nuestro relato que nos faltan mientras hilvanamos el tejido que nos proteja durante las noches que nos aguardan. Vuelve a intentarlo: locálizame, soy tu hombre de encargo, no soy ni inasequible ni me escondo clandestino, te quiero tener más cerca aunque de nuestro diario contacto no puede decirse que nos mensajeemos solo de tanto en tanto. Sal de tus escondites, salta de la barrera, llévame a pasear con tu mano de santo, bésame para dejarme las marcas de quien desde la fábula te está amando.

Estoy al alcance de ti, basta que te muevas y me obtengas. Conquístame. Nunca estaré tan lejos como para ser inasequible aunque mis pausas de silencio te hagan creer en mi lejanía. Tampoco estaré tan cerca como para no optar por estar solo o estar con mis otros mundos de palabras y hechos. Yo te acostumbré a los cariños verbales de cada día, a amarte con la literatura poética para releerla en noches solitarias y nutrirla de tus propios olores e imaginaciones varias. La maravilla es el paraíso en potencia que cada cual guarda dentro de sí. Necesita para ser abierto alguien que luche por entrar, que lo confirme explorándolo, que lo rehaga haciéndolo suyo. Soy consciente del mío y para compartirlo te falta venir hasta mí.  Las invitaciones, como todo, se agotan o quedan en el pálpito diletante. Yo te acostumbré a imaginar otro mundo. Te propuse que te juntaras conmigo a esta otra realidad aparte: la que va de los besos a los orgasmos como continuidad natural sin sucumbir a los rigores de la agenda y al estrés de los retos. En mi mundo que crees raro no hay guías ni reglamentos, no hay protocolos ni alguaciles, no hay tribunales que juzguen ni persecutores ni trampas. Basta la ética personal para que se regule todo. Cariño: hay un tiempo para cada experiencia: para enamorar lo hay y para callar también. No puedo enseñarte a vivir sin mí, porque mi literatura prevalecerá en ti aunque nunca vinieras  a tomarme. Sigue aprendiendo a amarme a distancia si es la distancia lo que necesitas que entre nosotros siga mediando o ponte a desamarme si es que temes que el ruedo sentimental no son más que las embestidas de los canallas. No te enseñaré a desamar cuando tu amor está pendiente de presentarse y mostrarse. Aguarda el tiempo de los besos antes de abrir el capítulo de la escapada.

Yo no olvido mis sucesos emocionales ni me propongo olvidarte. Eres una historia que se está cociendo en el horno de las palabras. ¿Encontrarnos para "sólo hablar" -dices-? Y qué es hablar si no informar de lo íntimo y de la sentimentalidad, del deseo y de las ganas de pasar a formar parte del otro. Te tengo en mí, en mi bolsillo (junto a mi entrepierna con el calor ordinario que corresponde a esa zona), no te voy a tirar como si fueras un papelajo arrugado, un ticket de autopista inservible o un kleenex usado. Deseo algo en ti que todavía no me das. Si me preguntas te diré que te necesito como algo más que una caja de resonancia, te necesito como mujer a sí misma redescubierta ante los besos apasionados de un amante inquieto con las manos explorándote mientras sigamos con nuestras hablas. ¿Hablar, dices? Sí, hablemos, es decir, amémonos.

Me encanta leer eso de que me seguirás en el discurso que elija pero el discurso es de los dos, es ya ese hijo nuestro lleno de temas y colores. Claro que te siento con todo y no solo con mis partes erógenas. Te tengo recapitulada por otras partes de mí  sin permitir que tu figura, de la que no sé tanto,  no sea troceada. Cada día y todas sus horas es resignificado y son resignificadas por los gestos y palabras con que se llenan. Tú has venido a dejar tus marcas en muchos de ellos. Si es a mí quien sigues, si eres tú mi devota, tampoco te pido incondicional para que firmes una carta de amor en blanco. Racionalízame como toca a la prudencia sin dejar de apasionarte como toca a la indecencia. Haz ese viaje que te falta y ven dispuesta con todas las horas  contadas que los dioses te dejaron desamada. Contrabalancearé los besos que te faltan y te seguiré diciendo las palabras con mi voz que te aman.

Te leeré en los distintos registros que me des. Tus palabras son jugos para mí, néctares que me dan hermosura y longevidad. Por eso, antes de beberte (en una cita física y en vivo)  los placeres que chorrees te habré sentido ya multitud de veces en esa latitud poético-erótica donde las caricias circulan cercanas desde las palabras enviadas de lejos confirmando que no hay lejanía alguna salvo la del que nada siente. Contigo siento cada palabra, de cada frase haría un templo, de cada momento contigo un cuento. No somos una relación complicada. Los  complicacionarios son subjetivos y por la fuerza de sujeto se termina con cada miedo. Mi fuerza es la de ser  agua cristalina que no dejará en mi a nadie ahogarse, sostendrá todas las navegaciones amorosas que en mi refloten sin impedir que me buceen pues no tengo nada que ocultar. Besitos donde más te gusten.